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Chairman y Ching, un padre osamodas y su hijo, vendían sus pischis de agua dulce a lo largo y ancho de las naciones. Aprovechando la apertura excepcional del Monte Zinit del 28 de flovor al 3 de martalo, se dirigían al pico para atrapar algunas especies raras en el lugar. En el camino, se habían topado con un misterioso peletero sadida, Kimar Renwar

A veces, los viajes tienen los mismos efectos que los mejores licores de Pandala: embriagan y suelen acercar a quienes los comparten. De esta forma, después de pasar varias horas juntos en un carromato recorriendo los paisajes nevados y contándose sus mejores aventuras, los osamodas Fifi y el sadida Renwar se habían hecho amigos. En los muelles de Astrub, el peletero había decidido acompañar a los pescadores al Monte Zinit para intentar, él también, dar con criaturas extrañas y fantasmagóricas. Mientras embarcaban a bordo de un velero de dos mástiles y colocaban sus cosas en los compartimentos del navío, Chairman le preguntó:

—¿No vas a aprovechar que estamos en Astrub para vender el premio de tu última cacería, amigo? Así habría más espacio en la bodega…

  • —Yo… la verdad… Me comeré parte de la carne, pero… venderé la piel cuando vuelva… ¡con la magnífica carne que traiga del Zinit! No me gustaría tener que malvenderla, con las prisas y demás…

El joven Ching se dio cuenta de que la pregunta de su padre había incomodado a Kimar. Sin embargo, no dijo nada y siguió cargando el material a bordo.

 

*****

 

Con los primeros rayos de sol, la tripulación levó el ancla. Sentados en la proa, nuestros tres compañeros disfrutaban del sonido del suave oleaje y de la agradable brisa. Observaban el diente rocoso que nacía en el horizonte y el círculo luminoso que ascendía lentamente hasta su punta. A sus espaldas, el timonel anutrof, Desas Tribor, dirigía la embarcación con seguridad y calma. Con una gorra militar calada en la cabeza y unas gafas de sol opacas pegadas a los ojos, bien miraba hacia su objetivo con determinación, bien… ¡dormía roncando tan a gusto! Ching llevaba observándolo un rato, y no habría sabido distinguir una cosa de la otra… Suchi Chen, el marinero y pescador zurcarák, se había instalado en la popa para preparar las redes. Se había remangado los bajos de los chinos hasta las rodillas y se había atado una bandana roja alrededor de la cabeza. El capitán Dai Kiri salía en ese momento de su camarote para unirse al resto de pasajeros. El xelor, tieso como una tabla y con los brazos cruzados a la espalda, transmitía una seriedad ejemplar. La levita y la gorra de marinero que llevaba le daban presencia: se parecía más al capitán de un navío de guerra que al de una modesta goleta de pesca.

—Qué espectáculo tan prometedor, ¿verdad? —dijo sin expresar la más mínima emoción—. Espero que encontréis especies extrañas en esa roca.

  • —No te preocupes. Si volvemos con las manos vacías…
  • —O si no volvéis, directamente.
  • —Esto… sí… —apuntó Chairman—. Si ocurre una cosa o la otra, podrás quedarte con la fianza.
  • —Eso está claro. Solo era un comentario, por hablar de algo. —Miró al cielo y después a la vela mayor henchida—. Llegaremos mañana por la mañana, a eso de las 8.

 

*****

 

Pasaron la mayor parte del tiempo echando redes y nasas, mientras se acercaban lentamente a la costa. Ya casi de noche, la tripulación estaba exhausta por los quehaceres del día y por la brisa del mar; se despidieron antes de los últimos rayos de sol. Solo Desas Tribor permaneció en su puesto. Antes de irse a la cama, Ching lo observó fijamente, pero el anutrof ni tan siquiera se inmutó.

—¡Aaaaaaaaaah!

Un grito. Procedente de la bodega. Ching se reunió con su padre y el capitán en el compartimento de víveres. Suchi Chen acababa de descubrir una carnicería. Kimar también apareció:

—¿Qué ha pasado? —preguntó el peletero.

  • —¡Nuestras raciones! ¡Las han devorado! ¡No hay más que cajas destrozadas y envoltorios hechos trizas! ¿QUIÉN HA SIDO?
  • —Cálmate, Chen —le ordenó el capitán Dai Kiri.
  • —¿Que me calme? ¡He estado todo el día trabajando! ¡¡Tengo hambre!!
  • —Encontraremos al culpable. Y tú podrás recuperar fuerzas. —El capitán escrutó el compartimento, avanzó hacia los restos y encontró entre ellos una manzana que había quedado intacta. La tomó y se la ofreció al marinero—. Mañana subiremos las nasas más cercanas para tener algo que desayunar. Ahora, vete a la cama, has trabajado bien hoy.

El rostro crispado del zurcarák se relajó un poco. Lanzó una mirada a Ching, a Chairman y a Kimar, arrancó con los dientes el rabo de la manzana y lo escupió al suelo. Mordió el fruto con fuerza y abandonó el compartimento. El padre osamodas intentó justificarse:

—Capitán, nosotros hemos estado con la tripulación todo el d…

  • —Lo sé.

El xelor alzó un saco de harina y descubrió huellas en el polvo blanco. Al parecer, los pies del culpable eran muy pequeños.

—¿Quién calza un dos aquí?

Ching tuvo que aguantarse la risa.

El capitán Dai Kiri inspeccionó los efectos personales de sus invitados: los osamodas solo transportaban material de pesca y ropa; los víveres que habían subido a bordo habían sido devorados con el resto. El sadida tenía una piel de golosote cortada en tres piezas y ocho porciones cuadradas de tejido bordadas con símbolos extraños.

—¿Dónde está tu carne seca?

  • —Vendí una parte en el puerto, y el resto ha terminado como las provisiones de todo el mundo…

Dai Kiri dio permiso a sus invitados para que se fueran a la cama. Aclararía aquel asunto al día siguiente.

 

*****

 

—¡Aaaaaaaaaah!

Un grito. En el puente.

—¡Definitivamente, nos vamos a pasar el viaje así! —protestó Kimar.

Los tres viajeros se levantaron a toda prisa del catre. El espectáculo que presenciaron en el puente los dejó de piedra… Peces, crustáceos y cefalópodos estaban esparcidos por todas partes. Habían subido unas nasas y una red, que estaban tiradas de cualquier manera por el suelo. El capitán, hasta entonces frío y distante…, se retorcía de risa:

—¡¡¡Muajajajajajajajajajajajajaja!!!

Colocado detrás del timón, el timonel tenía la cara pintada: pintalabios rojo, desnudo como un gusano bajo una piel de golosote, unos ojos dibujados en las lentes de las gafas y un pulpo a modo de sombrero. ¡Esta vez estaba claro que dormía a pierna suelta! En la parte trasera del barco, en una red que había suspendida sobre la superficie del agua, Suchi Chen luchaba por zafarse; estaba atado, amordazado con la bandana roja y cubierto de moluscos y de estrellas de mar bastante cariñosas. Unas risitas burlonas y demoníacas parecían proceder de la proa… El grupo se acercó y descubrió… ¡unas muñecas sadidas exaltadas! Algunas estaban royendo la regala de la embarcación, otras se estaban atiborrando de pescado, una estaba dando mordisquitos al pantalón de Desas Tribor… ¡Parecían poseídas!

—¡Mis pequeñas! —exclamó Kimar.

El capitán recuperó la compostura después del rato que había estado desternillándose, y reconoció en las criaturas los extraños símbolos que había descubierto en los «trapos» del peletero el día antes. El sadida se acercó a sus muñecas, se sacó ocho shigekax blancos del bolsillo y se los ofreció en la mano. Todas se abalanzaron para devorar los dulces que les ofrecía su amo. Unos segundos después, volvieron a quedarse dormidas y recuperaron la forma de cuadrados de tejido.

—Eso las calma un rato.

El peletero, triste, se giró hacia la tripulación:

—Quiero pedir disculpas por todo este lío…

  • —Y por los daños —añadió el capitán Dai Kiri.
  • —Y por los daños, sí. —Se dirigió a Chairman y Ching—. Siento no haberos explicado todo, pero tenía que esconderlas: sufren un mal extraño y destrozan todo lo que encuentran a su paso. No habríais aceptado llevarme con vosotros si lo hubierais sabido… si las hubierais visto… Todavía no nos conocíamos… Me dirigía al Monte Zinit cuando me encontrasteis. Un mago aniripsa me dijo que consiguiera la Dathura urtica, también llamada el lloricón, una planta muy rara que, al parecer, germinó de las lágrimas de Ogrest y cuya principal aplicación es equilibrar las emociones de la persona que la consuma.
  • —¿Y el golosote? —preguntó Ching.
  • Ellas lo atacaron. Tenían… mucha hambre. ¡Son insaciables! El resto es todo verdad, ¡lo juro! ¿Podréis perdonarme?

Padre e hijo intercambiaron una sonrisa cómplice y asintieron al sadida. Kimar no pudo contenerse y los abrazó.

—¡Atención, marineros de agua dulce, muchacho y caballeros! ¡El Grüber, barco de pesca y recreativo, va a atracar en el puerto del Monte Zinit! La tripulación les agradece su confianza y espera que hayan disfrutado del viaje. ¡Yippikayei, gancheros!

Los tres amigos no salían de su asombro, pero era Desas Tribor, todavía con el pulpo en la cabeza y las gafas pintarrajeadas, quien acababa de anunciar alto y claro la llegada a puerto. El capitán Dai Kiri, mientras, intentaba liberar al furioso Suchi Chen de la red. Ching, Chairman y Kimar por fin iban a explorar las tierras del Zinit.

Del jueves 28 de febrero al domingo 3 de marzo a las 23:59 (hora de París), ¡lánzate al asalto del Monte Zinit tú también, que estará abierto excepcionalmente para todo el mundo!

 

Además, este fin de semana tendrás la oportunidad de disfrutar de un bonus de doble experiencia en batallas y oficios… Y claro, los regalos no llegan solos, también disfrutarás de un bonus de drop x2

Te esperamos desde este viernes 1 de marzo desde las 18:00 (Hora Wakfu) hasta el domingo 3 de marzo a las 23:59 (Hora Wakfu)