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Había una vez unos blops diferentes a los demás. Aquellas pequeñas criaturas gelatinosas, que habían ido a parar a las playas de Jamelyn, habían aprendido a cantar gracias a Ardwin, el famoso ladrón de voz. Algunos de ellos, como Blopgang Amadeus Blopzart, llevaron el arte de la canción más allá y crearon una auténtica orquesta...

—¡Ah! ¡Ah, ah! ¡Ah, ah, ah, ah, ah, aaah!

—¡Oh! ¡Oh, oh! ¡Oh, oh, oh, oh, oh, ooooooh!

—¡Ah, aaah! ¡Ah, ah, ah, ah, ah, aaaaaah!

—¡Ah, ah, ah, ah, ah, aaaaaah!

—Eh, eh, eh, eh, eh, eeeeeh...* ♫

Blopgang Amadeus Blopzart paró en seco e indicó a los demás blops que pararan también. Estaba molesto.

—¡No, no, NO! Beblop, no estás siguiendo en absoluto el ritmo. ¿Qué es lo que ocurre?

El joven blop puso cara de exasperación y dejó escapar un largo suspiro a modo de respuesta.

—¡Si te aburro, dilo!

—Me aburre usted.

Blopgang se sobresaltó. Nunca antes le habían faltado al respeto de aquella manera. A él, ilustre compositor blop de talento indiscutible y oído envidiable.

—¿¿Perdón??

—¡Me a-bu-rre us-ted! ¿Encima está sordo? Me sorprende en alguien que presume todo el rato de tener los tímpanos más delicados del puerto de Jamelyn...

—¡Veo que has perdido por completo la cabeza!

Los demás no salían de su asombro. Blopgang era sin ninguna duda el blop musical más respetado de todos. Su talento era reconocido en cualquier parte del Mundo de los Doce. Los aventureros llegaban de todos los rincones del Krosmoz (aunque tuviera forma de ovoide) para apreciar los conciertos y la música de las corales de las que él era el jefe de orquesta desde que había conocido a Ardwin, el ladrón de voz.

—Es solo que... estoy harto de tanto «Ah», «Oh», «Eh»... ¿Por qué no cambiamos un poco? ¡Parecemos un disco rayado!

—¡No te lo permito! ¿Qué tienes en contra de Pequeña serenata blopturna? Gracias a ella, cientos de doceros vienen a vernos cada día, ¡así que un poco de respeto, por favor!

—¡Eso es porque nunca ofrecemos nada nuevo! ¿Nunca ha dejado que sea su estómago el que se exprese? Sacar lo que lleva aquí dentro... En lo más profundo de las entrañas.

Beblop dijo esto mientras se daba golpecitos en el vientre. Este onduló como una enorme porción de gelatina, provocando la risa de los demás músicos.

—Esto es increíble... ¿De verdad crees que es con los intestinos con lo que escribí Las bodas de Fígablop? ¿Y La flauta blópgica? ¿Acaso me salió de los dedos gordos de los pies? ¡No! En primer lugar, porque no tengo, como tú. En segundo, que sepas que la música blop es una disciplina seria y rigurosa, mi querido Beblop. Requiere trabajo, rigor, acordes melodiosos y coherentes, una escala diatónica, una escala cromática, cantos coordinados, cuartas, quintas... ¡Y basta! ¿Qué es lo que escondes detrás de la espalda?

Beblop, sorprendido, se las daba menos de valiente. Todas las miradas estaban clavadas en él. Blopgang se acercó a su alumno y le quitó de las manos un instrumento extraño parecido a una flauta, aunque mucho más grande y provisto de un enorme embudo en un extremo.

—¿Qué es esto?

Un saxblopfón —respondió el joven blop con un ligero temblor en la voz.

—Y ahora me dirás que este chisme va a revolucionar el mundo de la música blop, ¿verdad? ¡Deja que me ría!

«Tsss, tsss-tsss, tsss-tsss...».

Blopgang se giró bruscamente. Otro blop musical estaba rozando una especie de bandeja redonda algo curvada y de metal con una baqueta provista de pequeñas varillas en un extremo. Ello mientras el blop se agitaba, claro...

—¿Pero qué...?

Blopgang estaba desconcertado. Los demás blops no podían evitar mover la cabeza con ritmo, como transportados por aquel nuevo sonido.

—¿¿No pensarás empezar tú también, verdad?? ¡¿Qué es ese otro trasto?!

«¡Shtong! ¡Bolong, blong, shtong, shtong, bolong, booong!».

Otro blop había lanzado sus hojas de partituras y se había montado sobre su pupitre. Desde donde se encontraba podía sostener el extremo del mango de un instrumento especialmente imponente. Al acercarse para mirar, Blopgang comprendió que el blop había lanzado un hechizo a su violín, el cual era entonces dos veces más grande y descansaba en el suelo. El blop se divertía tirando o golpeando las cuerdas para producir un sonido grave, aunque un poco tosco.

—¡Desgraciado! ¿¿Qué le has hecho a tu violín?? ¡¡Os habéis vuelto todos locos!!

El otro blop frotó con fuerza las extrañas baquetas en la bandeja circular. Por su parte, Beblop sopló con todas sus fuerzas en su saxblopfón mientras se contoneaba, como si estuviera poseído por el sonido casi sensual que salía del instrumento.

Blopgang se sentía ultrajado. La música blop se desvanecía por momentos. Chilló desesperado tapándose los oídos. Cuando de repente...

—¡Ski-bi diby dib yo da dub dub! ¡Ba-da-ba-da-ba-be blop blop bloda blope! ¡Blop ba bloda blope!

La voz era suave y cautivadora. El canto, rápido y envolvente. Contra todo pronóstico, Blopgang sintió cómo un extraño escalofrío le recorría todo el cuerpo. Desde la punta de los pies hasta la parte más alta de la cabeza... Estaba impresionado. Lula, su mejor violinista, era una cantante asombrosa. Escuchaba sonidos que nunca antes había escuchado. En general, los blops solo eran capaces de pronunciar algunas sílabas.

Un extraño torbellino se formó en la boca del estómago del jefe de orquesta. Era como si «aquello» le hiciera cosquillas... Y, sobre todo, «aquello» le daba la sensación de ser tan ligero como una pluma de pío. Entonces, comprendió lo que Beblop quería decir.

Sus entrañas hablaban al mismo ritmo que su corazón.

Por primera vez en toda su carrera de jefe de orquesta blop, Blopgang Amadeus Blopzart vio la música desde una perspectiva completamente diferente. El blop comprendió que, aunque las reglas fueran primordiales, la espontaneidad, la pasión e incluso la locura podían hacer que la música fuera aún más grandiosa.

Beblop le había abierto los ojos. Los de Lula le habían abierto el corazón. Gracias a ellos, Blopgang decidió crear un nuevo movimiento musical completamente revolucionario, que permitió a la música blop expandirse hasta nuevos horizontes: el beblop.

La historia también cuenta que, desde que se conocieron, entre Blopgang y Lula todo es pim, pam, blop, yiiiii...

¡Blopgang Amadeus Blopzart es el Boss Smasher del mes de octubre! Ya sabes cómo va la cosa, ¿no? Entonces, pon ritmo a Brakmar del 1 al 31 de octubre para darle una buena lección sin bombo ni platillo.

* Melodía de «Pequeña serenata nocturna», de Wolfgang Amadeus Mozart.