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Como auténtica guía de referencia para todos los temerarios del Mundo de los Doce, el cuaderno de viajes Smis Odvaizor no podía pasar por alto esta isla mítica, destino de los aventureros que tienen sed de adrenalina o, simplemente, ganas de tomarse un descanso. Tanto si eres de los primeros como de los segundos, ¡no te pierdas Pandalucía!

Kelba, Kuatropatas, Bonta y hasta Moon: Smis Odvaizor te ha hecho ver mundo estas últimas semanas. Para terminar a lo grande esta serie de viajes por tierras más o menos conocidas, esta vez te llevamos a Pandalucía, donde la recomendación de los aniripsas «Para estar en forma, hay que beber al menos 2 litros al día» se toma el pie de la letra...

La bambusería

La subida de las aguas del Caos de Ogrest tuvo consecuencias dramáticas para la bambusería pandaluza. El agua salada echó completamente a perder las plantaciones de bambú. Eso sin contar sus efectos especialmente nefastos para la salud. Se dice que beber de ella volvía intragable al más feliz de los pandawas...

Por suerte, todo eso ya pasó. Actualmente, las plantaciones de bambú disfrutan de unas condiciones idóneas para su desarrollo. Se alzan con una gran majestuosidad, y hasta se han convertido en un lugar turístico muy frecuentado, de visita obligada para cualquiera que viaje por estas tierras.

La bambusería, un auténtico lugar de postal, es donde muchos enamorados y recién casados se hacen el retrato. Pero ten cuidado: el resultado depende de la cantidad de leche de bambú que haya bebido el artista.

La propiedad de Pandiego de la Vega

Pandiego de la Vega, una figura emblemática de Pandalucía, es como el bambú: se dobla, pero nunca se parte. Por eso, cuando el Caos de Ogrest destruyó el valle, no se ahogó en la pena. ¡Más bien todo lo contrario! El pandawa se tomó el problema en serio e intentó crear una especie de bambú capaz de tolerar el agua salada.

En lo alto de la colina de Pandalucía, un auténtico oasis que se salvó del cataclismo y donde el bambú crecía intacto, construyó su laboratorio. Un pequeño consejo: antes de poner los pies en él, comprueba que estás al día con las vacunas...

El pueblo

El pueblo de Pandalucía, un lugar en contacto con la naturaleza, hará las delicias de los poetas y de los pintores. Pero, aunque no seas ni lo uno ni lo otro, ten por seguro que despertará a ese artista romántico que llevas dentro. ¡No hay nada más pintoresco!

Se dice que ha sufrido un poco desde que Ogrest puso en él su granito de sal. Cuesta creerlo teniendo en cuenta que la belleza de sus paisajes quita el hipo. A menos que se trate de otro efecto secundario del abuso de leche de bambú...

Lugar de paso obligado durante tu peregrinaje por tierras pandaluzas: sus tabernas. En ellas encontrarás una gran variedad de leches de bambú, más o menos fermentadas y de sabores a veces sorprendentes (por ejemplo, la famosa leche de bambú aromatizada con ranadina). Ándate con ojo: los pandisidentes que merodean en la puerta suelen sentir atracción por las bolsas muy llenas...

¡Disfruta de tu estancia en Pandalucía!

 

 

¿QUIÉNES SOMOS?

Hola, mi nombre es Odvaizor Smis. Desde hace cerca de 500 años, mi familia se dedica al turismo y la organización de viajes. Ya en la Edad de los Dofus, mi tataratataratataratataratataratatara... hm... mi ancestro Hannibol Smis dirigía la mayor agencia de viajes del Krosmoz: el famoso Equipo Turist-A.

Hoy, he reunido para ti útiles recomendaciones de viajes de parte de viajeros principiantes y expertos. Cada cuaderno de viaje Smis Odvaizor reúne miles de opiniones y consejos turísticos provenientes de consumidores en los albergues, tabernas, restaurantes, lugares de ocio o de actividades deportivas en todas las ciudades y regiones del Mundo de los Doce.

¿Nuestro secreto? Comentarios las 24 horas del día procedentes de todos los rincones del Mundo de los Doce gracias a un hechizo único. Así, el aventurero que lo domine puede «escribir» en el vacío con sus dedos para enviarnos su opinión en cualquier momento. Aunque no nos hacemos responsables de las intenciones de cada uno, nos comprometemos a no transmitir mensajes que parezcan (demasiado) insultantes.