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Rastreadores de Ankama

[RP] Teyora la Osamodas

Por 21 de Noviembre de 2008 14:17:03
*Nota de la autora:Bueno, hace siglos que tengo esta historia echa y por fin me he decidido a colgarla y continuarla. Llevo mas echo, pero por ahora pondré ésto como introducción , y si veo que no funciona...

INtroducción (muuuyyy larga)

Teyora escaló magullada y llena de cortes los últimos tramos del gran acantilado, y, por fin, después de muchas horas, muchos días, pisó un suelo liso.
Dio un puño contra el suelo, furiosa, dolorida y con impotencia, recordó lo que ocurrió...
Su templo, su maestro, los Sacrógritos, los gritos y los martillos furiosos de los Osamodas, pero eran demasiados... Teyora creyó que estaba lista, estaba preparada para el combate, pero a la hora de la verdad, no pudo, no pudo con esa Sacrógrito que tanto odiaba... no pudo. Quemaron el templo y, vencida en el combate, logró huir mientras los otros Osamodas caían uno tras otro. Teyora chilló y dio dos puños contra el suelo. Las lágrimas le resbalaban por la cara.
Cuando logró tranquilizarse, miró alrededor. Era un prado, habia muchos jalatíes brincando, y sus mamás jalató berreaban junto a ellos. Por fin lo habia logrado. Había llegado a Caina.
Magullada y dolorida al andar se sentó contra un árbol en el prado y empezó un llanto silencioso.
<<¿Vas a llorar como Teyora la niña o afrontar el problema como Teyora la mujer?>>,dijo una voz ronroneante en su interior que hizo que se le encogiera el corazón.
- ¿Qué puedo hacer?- preguntó enfadada- no tengo nada que hacer ahora que mi pueblo está destruido y mis seres queridos muertos. No tengo nada que hacer ahora, en esta vida.
<>
Esas palabras se le clavaron a Teyora en el estómago como una espada. Era cierto. Ella...
Las imágenes y sus palabras le iban viniendo a la cabeza como flashes, y a cada imagen, a cada sílaba, su odio iba aumentado.
- ¿No puedes conmigo, Teyora la osamoda?- la voz de Jolly Roge era burlona y cruel.
- ¡¡Basta!!- chilló Teyora con lágrimas otra vez en las mejillas.
Y levántandose temblorosa, miró hacia el despejado cielo de verano y con palabras serias y expresión segura dijo:
- Juro por el dios Mizzelet- sentenció reteniendo un nuevo llanto- que antes de morir, mataré a Jolly Roge. Vengaré a mi maestro, mis amigos y a todo el clan. Lo juro por ti, dios Mizzelet, y por los doce.
Y se volvió a sentar esta vez para cerrar los ojos y descansar. Sus sueños eran atormentados, y cuando despertó a media noche tuvo la sensación de no haber descansado. Por la noche ese lugar era realmente diferente al de día. Los grillos chirriaban débilmente llorando por el verano que ya se marchaba. Teyora quedó inmóvil con los ojos cerrados escuchando su cántico hasta que le dio una terrible sacudida por todo el cuerpo. Sus heridas estaban peor que antes y no podía moverse.
Su herida de la costilla era terrible, y cuando la tocó notó la tibia sangre corriendo por sus dedos.
Intentó llamar a alguien, pedir ayuda, pero su garganta estaba áspera como el acantilado que habia escalado. Aguantó su dolor hasta que el sol empezó a asomar por las nubes rosadas, pero para entonces estaba mareada por la pérdida de sangre. Una campesina Anutrof llegó a lo lejos y casi se le paraba el corazón al ver a la chica de tantos cortes y quemaduras. Al ver que no contestaba a sus preguntas, se llevó a Teyora como si fuera un saco de papas.

¡Hasta el próximo capítulo!
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Tiene buena pinta happy me gusta.

A ver como sigue.

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Jajaja eso es largo? xD

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Me gusta, estaré esperando la proxima.

A por cierto, echo y echa vienen del verbo echar, que es parecido a botar, arrojar, deshacerse de. El que viene del verbo hacer tiene H, es decir, hecho y hecha. Este tipo de errores no los corrige ningún programa, pues echo y hecho son palabras validas en español tongue

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Uish, que fallo x_X

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Bueno, subiré otro capítulo en cuanto pueda. Si tardo no os asusteis wink

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Tengo ganas de seguir leyéndola @[email protected] Yo voy a ver si escribo un poco más ahora. Voy inventando sobre la marcha xDD

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es bastante buena

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O_O sin palabras quiero ver como acaba

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Bueno, para los que quieran ver como acaba, esto va para rato... xD
No me convence mucho el segundo capítulo, no e´stá tan interesante... pero bueno, antes de la acción, hay algo de tranquilidad
Siento que no sea tan bueno éste capítulo =(

Capítulo 1- Nanah Treg

- ¡Éstate quieta ya, muchacha, si no no podré vendarte y te desangrarás!- dijo la anciana apretándole la venda a Teyora tanto que la dejó sin respiraicón.
-¡Pues hubiera dolido menos haber muerto desangrada que estar aquí sufriendo tus potingues!- dijo Teyora retorciéndose como una lombriz.
- Ya, todos dicen eso- dijo la vieja apretando mas a la muchacha- ¡pero...!- le dio un tirón a la venda- ¡me lo agredecerás...!- dijo dando otro tirón- ¡cuando te cures...!
- ¡Porfavor, Nanah, pare ya!
Y se bajó de la camilla en la que estaba sacudiéndose, pero a la vez maldiciendo sus heridas.
- Si crees que esto ha sido tortura, espera a ver mi potingue de larva azul para las quemaduras. Hehe, que divertido es darles con un mazo.
- ¡No voy a...!- empezó a decir Teyora, pero le dio una punzada en la herida de la costilla y se cayó de rodillas.
- ¿Ves?- dijo Lala Recolectora cogiendo a la muchacha con sus enormes manos- cuando te cure te vas. Hasta entonces aquí te quedas.
- Eres horrible- dijo la muchacha con una leve sonrisita en los labios. Y cuando acabó de ponerle su horrible potingue espeso y azul, se quedó plácidamente dormida en una cama de paja. Aunque las terribles pesadillas volvieron a ella.
- ¡Teyora!- chillaban voces- ¡ayúdanos, no podemos solos!
- ¡Voy, aguantad!- dijo Teyora corriendo, pero no se movía del sitio, por mucho mas que corriera, no se movía. Vio como el templo ardía y los osamodas le pedían que fuera, lloraban, estaban muriéndose, pero Teyora no podía moverse...
Se despertó en un lugar desconocido, era un granero. Primero pensó que lo que vio en sus sueños era solo eso, un sueño, pero pronto cayó en la cuenta que era lo que habia ocurrido. Apretó los dientes y los puños hasta que se hizo sabgre con las uñas.
- El odio abre las heridas- dijo una voz que venía de la puerta. Era Nanah, que traía una leleche y un bollo echo por ella.
Teyora se incorporó sufriendo sus heridas, pero no dijo nada.
- Mi abuela Didi era una gran Anutrof. Murió en la guerra. Pero mi madre siguió adelante. Me tuvo a mí y a mi hermano Tores, jeje, que pillos éramos...
- ¿Por qué me cuentas esto?- preguntó Teyora.
Cuándo se dio cuenta de su error era demasiado tarde: Nanah se había marchado del granero dando fuertes pisadas.
El mediodía transcurrió rápido, y a media tarde Lala Recolectora ya no se acordaba de lo sucedido por la mañana. Entró alegremente en el granero y le dijo que ya podía ir a brincar por allí, que sus heridas estaban curadas, aunque tendría que estar tomándose una medicina durante un tiempo.
Ése comportamiento dejó a Teyora un poco prerpleja. No quería que lo estubiera, pero, ¿Nanah no debería estar un poco deprimida? O al menos, enfadada. Pero al fin y al cabo, a la chica le alegró que volviera a estar de tan buen humor.
- Me gustaría poder agradecertelo de alguna manera, Nanah.
- Si puedes- dijo la vieja con una sonrisa maliciosa en su faz morena.
- ¿E-en serio?- dijo Teyora que esperaba que dijera un “no pasa nada, niña”.
- Sí- dijo Nanah riendo- y nooo vas a poder escaparte porque vas a tener que pagar mis potingues. Y supongo que no tienes kamas, ¿no?
Teyora se quedó callada.
- ¡Pues te presento a tu amiga guadaña, que será tu compañera de cortar trigo durante muuuuuuuuucho tiempo!
Y Teyora suspiró, sofocada. La cogió y salió al ardiente sol de la tarde, que le molestaba en su piel azul oscuro. En su tierra el tiempo era mas frío y en verano aún tenían que llevar abrigo y bufanda. Entonces recordó la cara de la sastre de su aldea, de rasgos afilados y sonrisa amable... y al recordar la imagen de su hijo se le cortó la respiración. Era él, el niño que podia pasar horas mirando, el niño que una vez le prometió llevarla al fin del mundo... Yaer.
Su recuerdo era mucho mas borroso que el de los demás, pero era el que mas quería recordar. Era su mejor amigo, y aunque los adultos dijeran que los niños no entienden el amor, ella estaba locamente enamorada de él. Su recuerdo era doloroso, pues nunca mas lo iba a ver. Yaer empezó el aprendizaje antes que Teyora, y para cuando los Sacrógritos atacaron el pueblo, era el mejor de los aprendices, de echo, ya habia acabado su aprendizaje. Pero el día en el que se marchaba a ver mundo los Sacrógritos atacaron, y como el resto de los demás, seguramente, murió... Teyora se sobresaltó al notar las lágrimas corriendo por sus mejillas.
Sacudió la cabeza y se dirigió a un pequeño campo de trigo donde un grupo de campesinos de aspecto humilde, y todos ellos con un babob del campesino, charlaban a la vez que segaban. Teyora trabajaba duro en su aldea, pero al final de una larga jornada de trabajo tenía unas ampollas de tamaño considerable en las manos.
Llegó a la casa de Nanah y cuando ésta se percató de su presencia, le sonrió y se dirigió a ella.
- Teyora- dijo sin dejar de sonreír- tengo dos buenas noticias. Holly A’kok vuelve a casa.
- ¿Holly quién?- preguntó Teyora algo confusa.
-... Y también he de decirte algo importante que se me habia olvidado decirte. Como yo soy la dueña de los campos, los campesinos vienen aquí a cenar y a veces a pasar la noche así que, ¿podrías ir haciendo la comida? Hay agua hervida y ya he cortado las zanahorias, así que puedes hacer un estofado. Tiene que haber al menos para cuarenta personas. ¡Uy! Que tarde es. Bueno, me voy, que llego tarde a mi reunión. Bueno, ¡hasta luego!
Teyora se quedó un poco perpleja. ¡Hay que ver lo que llegaba a hablar aquella mujer! Cuando dejó las zanahorias en el agua se sentó en el suelo a descansar, y dio un respingo al ver a un pequeño perforatroz inmaduro con cara de enfado entraba en la cocina y se quedaba gimiendo delante de Teyora mientras movía su trasero. Teyora entendió al momento lo que le ocuría. Su intuición con los animals nunca fallaba. Se acercó al armario y cogió uno de los bollos mal echos que salian de la panadería y que nadie compraba y se lo dio. El pequeño perforatroz movió mas rápido aún su trasero mientras zampaba el bollo, y por primera vez en mucho tiempo, Teyora se rió. Al cabo de un rato, mientras acariciaba al pequeño perforatroz vinieron otros tres que empezaron a mover el trasero igual que el primero. Teyora se quedó un poco extrañada pero partió una barra de pan por la mitad y la repartió entre los cuatro perforatroces. Mientras los perforatroces zampaban ansiosos, Teyora empezó a pensar: ¿Qué podian hacer los perforatroces en un taller de los campesinos? Se quedó en blanco, como en una especie de trance, hasta que el olor a quemado le llegó a su fina nariz y se leventó deun bote para remover el estofado, que ahora estaba negro y espeso. Miró por la ventana. Los campesinos estaban a punto de llegar. Intentó ponerle algo para que no quedara de aspecto tan asqueroso pero solo hizo que quedara peor.
Justo cuando el sol se hizo solo una fina línea naranja en el horizonte, comenzaron a entrar los campesinos, dejando sus babobs en las perchas y sentándose a charlar alegremente, hasta que un Yopuka flaco y de cara estúpida (o eso le pareció a Teyora) le señaló y advirtió a sus compañeros de su presencia.

Se hace pesado y largo, pero bueno... insisto, siento que sea un poco caca U_U

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De pesado nada ¬¬

Sigue escribiendo, que tiene buena pinta. Las historias deben tener de todo, no solo acción. Un buen desarrollo puede prometer mucho =) Por mi parte tienes un lector.

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Bueno, otro capítulo de la historia, ésta vez con mas acción >=D
*Nota de la autora: Los tres personajes nuevos de la historia son unos personajes de mi hermana, Ispercryly. Sin ella la historia no tendría futuro, ¡así que le dedico este capítulo!

Capítulo 2- Is, Cab, Ear.

El Yopuka flaco zarandeó a su compañero Zurkarák que le miró molesto chasqueando la lengua y el Yopuka, perdiendo la paciencia, cogió la cuadrada cara de su amigo y la giró hacia Teyora. Teyora notó como su pelo se levantaba unos centímetros y su cola se puso tiesa mientras cogía la olla del “estofado” quemado. Una Sram que se sentaba dos asientos mas allá acercó la cabeza para mirarla y entonces Teyora notó que la olla se le resvalaba de las manos y amenazaba a suicidarse y esparcirse por el suelo.
El tiempo se paró. El Zurkarák se quedó mirando a Teyora, el Yopuka se quedó con la lengua fuera en una mueca de asco hacia su apestoso mechón de pelo que colgaba de su pecho, la Sram estaba a punto de sorber la cerveza que Teyora habia dejado allí y el perforatroz inmaduro al que Teyora habia llamado Kiki esperaba sentado a que el mejunje cayera para darse un lote.
De pronto el tiempo volvió a correr. El Zurkarák dirigió la mirada a otro sitio, el Yopuka metió la lengua, La Sram ya se habia tragado la cerveza y el estofado habia cumplido su propósito. Se habia caído al suelo mientras Kiki se bañaba en su cena.
La cara azul oscuro de Teyora se volvió roja tomate y empezó a recoger el estofado. No habia tiempo para preparar otra cosa. Aún con la señora vergüenza encima , cortó rebanadas de pan y un poco de jamón y queso y empezó a servir platos intentando esconderse en el mechón de pelo de Mililumbo de su camisa para no ver las caras de perplejidad de los campesinos. Ella se fue a su granero y se comió unas rebanadas de pan con queso de jalinea, pues detestaba la carne. Solo después de que hubiera pasado un rato se dirigió al comedor, donde nadie advirtió su presencia. Todos charlaban alegremente mientras se acababan su cerveza y sigilosa como un miaumiau acechando un pio, se dirigió al bardeño de agua donde empezó a lavar los platos que habian ido dejando en la encimera. Kiki tenia los labios negros del estofadao e iba dando eructos por ahí, y a cada eructo, su potencia le hacia botar un poco. Cuando se giró para secarse las manos se quedó cara a cara al Yopuka flaco.
-¡ Tú!- dijo éste abriendo mucho sus ojos en blanco- ¡Eh, Carbioelix, la Tira Estofados ha vuelto!
- ¿¿Tira qué??- preguntó Teyora con gesto amenazador.
- No seas así, Eara- dijo la Sram, que se habia puesto de pie. Tenía una figura muy bella y sus rasgos eran realmente propios de un ángel. Con gesto amistoso alargó la mano a Teyora y sonriendo dijo- Hola, soy Ispercryly. Éste es Eara, y él Carbioelix- dijo señalando al Zurkarák que sonrió con gesto cansado mientras levantaba su mano-zarpa.
- Encantada- dijo Teyora algo desconfiada apartándose un poco y rechazando el apretón de manos.
- ¿Cómo te llamas?- preguntó Ispercryly.
- ... Teyora- dijo la Osamodas retrocediendo un paso.
Ispercryly dejó de sonreír, susurró algo y volvió a sentarse.
-Adiós, Tira Estofados- dijo Eara burlón.
Teyora no pudo contener su rabia y le dio una colleja en la nuca que hizo que Eara se cayera y dejara su cara plantada en el suelo. Se levantó y se tocó la nariz que le sangraba. Hizo gesto de darle un puñetazo pero Teyora se agachó, arrastró el pie por el suelo y lo deslizó hasta que pasó por debajo de los pies de Eara que se cayó ésta vez de espaldas. Teyora rió y todos los campesinos soltaron sonoras carcajadas. Incluso los mas estúpidos apartaron la mesa para que pelearan en un espacio mas abierto.
El Yopuka,enfurecido, arremetió contra ella, pero Teyora saltó y el joven Yopuka metió la cabeza en el horno, que, por suerte, estaba apagado. Teyora rio con mas ganas ésta vez y todos los campesinos también. Pero cuando vio las lágrimas en los ojos del Yopuka la sonrisa se borró de su oscura faz. No se habia dado cuenta durante los momentos de adrenalina, pero lo estaba humillando delante de meido pueblo. Carbioelix corrió hacia él y le puso una mano sobre el hombro. Miró a Teyora con cara de desprecio y salió fuera. Teyora se quedó quieta y callada. Cuando se giró, se topó cara a cara con Ispercryly, que llevaba dibujada en su faz una sonrisa, aunque no era de felicidad. Y acto seguido le dioi un bofetóm que hizo que se cayera al suelo. Se quedó estupefacta en el suelo, tocandose la mejilla mientras Ispercryly se marchaba dejando tras de sí un portazo.
Teyora se levantó aún con la sorpresa encima, y cuando alzó la mirada todos los campesinos le miraban con los ojos como platos. Hubo un momento de incómodo silencio, y entonces los campesinos colocaron de nuevo la mesa y renaudaron su charla como si allí no hubiera ocurrido nada. Teyora se sentía terriblemente mal. Mientras miraba por la ventana a los tres amigos le entró angustia. Tras un buen rato de aguardar, Teyora decidió ir a ver de que hablaban y, como oscura que era entre las sombras, se deslizó por el suelo hasta acercarse lo suficiente como para oír lo que los tres amigos decían.
- La odio- dijo Eara medio sollozando, pero con cara aún de furia. Teyora notó como sus afiladas orejas bajaban un poco, desanimadas.
- Que se ha creído, mira que humillarte de esa manera...- dijo Carbioelix que se quitó ola camisa a causa del calor, dejando al descubierto un cuerpo bastante musculoso para un campesino.
- Le di su merecido- dijo Ispercryly. Su mirada intimidaba a Teyora- bueno, no. Su merecido era ser enterrrada viva, pero todo el mundo lo notaría.
- Seguro que no, ni siquiera tiene amigos- dijo Eara escupiendo odio.
Teyora decidió que ya habia oído bastante, y tan sigilosamente como pudo, retrocedió evitando la luz de la posada de Nanah. Pero una piedra rodó bajo su pie descalzo, y las orejas de Carbioelix se giraron, y a su mismo tiempo, saltó como gato que era en busca del individuo que habia echo ese ruido, y Teyora empezó a correr, asustada.
Carbioelix era realmente ágil y rápido, y pronto alcanzaría la punta de su cola. Teyora corrió con todas sus fuerzas, y notaba sus palpitaciones en la sien. Las piedras del camino dañaban sus pies al descubierto, pero no podía parar. Su perseguidor Zurkarák la condujo hasta el bosque. Mientras Teyora corría tanto como sus fuertes piernas le permitían, pensaba en lo que Carbioelix haría con ella si la atrapaba. A lo mejor la enterraban viva, como habia Ispercryly. Corrieron durante un buen rato hasta que llegaron al acantilado que escaló Teyora para llegar a Caina. Habia dos opciones. Saltar, o ser atrapada. Teyora se inmovilizó por el miedo. De repente se le ocurrió otra cosa. Trepó ágilmente por los árboles, saltando de rama en rama, pero el Zurkarák le pisaba los talones. Teyora no se quedó quieta ni un instante. Su adrenalinómetro estaba a tope, mezclada con el miedo. Vio una posible salida. Estaban relativamente lejos, pero podía saltar desde la rama en la que estaba hasta la siguiente. Con fuerza e impulso a lo mejor lo conseguía, a lo mejor lograría huir. Se dispuso a saltar.
Y lo hizo.
Cuando estaba a punto de alcanzar la rama, su cuerpo empezó a caer, impulsado por la gravedad. Si no moría por la caída, Cariboelix la atraparía, y el Tofu Celeste sabe que le harían. Mientras caía, tuvo la sensaicón de volar. Era hasta casi agradable. Pero esa sensación se desvaneció cuando chocó contra la primera rama, después con la otra, la otra, y así hasta que cayó boca abajo en el suelo. Estaba realmente entumecida y dolorida, pero hizo un esfuerzo en levantarse, aunque fue en vano. Volvió a caer, esta vez sin hacer intento de huir. Puso las manos sobre la cabeza, oía las pulsaciones de su corazón, y estaba sudando. Apretó los ojos. Su castigo por espiarlos estaba a punto de llegar.

Hasta el próximo capítulo happy

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Oh, la historia perdió su encanto... ;_;

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A mi me gusta happy por mi parte tienes una lectora mas.

Siguela.

Leonidasa, una Yopuka muy leal.. y muy letal

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Bueno... otro cap... si no tiene exito, como los anteriores... bueno =(
¡Espero que os guste!

Capítulo 3- Una noche agotadora

Carbioelix Se puso encima de ella y la cogió pot el cuello de la camisa, mirando su cara.
-Ah, eres tú- dijo algo decepcionado.
Teyora no sabía que esperaba encontrar, pero, en efecto, a ella no. Carbioelix se encogió de hombros y se la cargó al hombro como a la paja. Teyora chilló, pataleó, le mordió, se retorció, pero nada hizo que Carbioelix se parara. Cuando llegó ante la posada, la tiró al suelo sin una pizca de delicadeza y la puso delante de Eara, al que sus ojos blancos se le tiñieron de odio.
- ¡Tú!- dijo con voz ronca, aunque la suya fuera aguda- ¡Voy a matarte, voy a matarte!
Teyora intentó huir alterada, pero Carbioelix le pisó la cola y cayó de bruces contra el suelo.
- Pídele perdón- dijo Ispercryly con voz fría como el hielo señalando a Eara.
- Perdón- masculló Teyora, aunque sonó mas como un “ñimñon”.
- ¡Pídeselo bien!- dijo Ispercryly con los ojos encendidos de furia, desenfundando su guadaña y poniéndola bajo la garganta de Teyora. Respiró hondo, y de mala gana, dijo:
- Perdón- se disponía a marcharse, pero decidió girarse y decirle algo realmente desagradable a Eara- Saborea bien el momento, Eara el Yopuka, porque no se volverá a repetir.
Cuando se fue a la posada, oyó como un sonido de lapas despegándose de las rocas y cuando se giró hacia la ventana, habia marcas de cara y baho del aliento, la cual cosa demostraba que los muy cotillas de los campesinos habian estado espiando todo el tiempo.
Cuando entró, muy desanimada, un Pandawa que tampoco parecía ser muy inteligente, preguntó:
- ¿Memoya?
- ¿EEEEEEEEEEEEEEEH?- preguntó Teyora.
- ¿Eres Memoya?- insisitó el Pandawa, impaciente.
- Yo soy Teyora- dijo la Osamodas algo perpleja.
- ¡Eso, Teyora!- dijo el Pandawa como si hubiera obrado un gran logro- Nanah me dijo que te dijera que Tores le dijo que te dijera que hasta mañana por la noche no va a venir y que quedas al mando de todo. Ale, buenas noches.
Y se fue como si nada.
Teyora se quedó plasmada, de pie en medio de la sala, intentando descifrar todo lo que aquel Pandawa habia dicho. Bueno, pensó, al parecer tendría que hacer de jefe durante un día como mucho. Cuando se dirigía a guardar los platos que hacia un rato habia lavado, vio un cartelito muy mal escrito en el que rezaba:
¡Mañana viene el otoño! Abrigaos bien.
Teyora se rio del cartel para sus adentros. Ni que el frío fuera a venir de golpe. Teyora maldijo sus pensamientos. Todo le recordaba a su hogar, a su familia, a sus seres queridos... era algo doloroso, y, espero, querido lector, que nunca te ocurra a ti.
Con la tristeza y la pesadumbre encima, guardó los platos en su armario correspondiente. Los campesinos se fueron uno a uno, y algunos dejaron en las perchas donde estaban sus babobs una tarjetita de papel con el sello de Nanah. Teyora suponia que aquello era su escudo.
Cuando ya no habia nadie y Teyora se quedó en compañía de su sombra, su alma, y los cuatro perforatroces, se sentó en su lugar preferido, junto al horno, que olía a pan recién echo y a hierbas para la comida. Teyora durmió un poco. Cuando despertó, dio las gracias por no recordar su sueño, pues seguramente era terrible, como todos los que habia tenido durante la última semana. Se levantó con gran esfuerzo y, ya que no habia nadie, decidió examinar sus heridas. Eran todas terribles. Cicatrices color rosa pálido, quemaduras, múltiples costras... y la peor, la herida de su costilla. Teyora se la miró, y lo que vio le hizo dar una sacudida. Era una horrible cicatriz, compuesta por varios cortes de espada, y si te fijabas bien, hacian una J y una pequeña R. Jolly Roge.
Solo de pensar el nombre a Teyora le vinieron ganas de marcharse, coger la guadaña mas afilada y matarla, no, matarla no, torturarla hasta la muerte...
Y después de pensar eso es como si Teyora acabara de despertar de una pesadilla, como si acabara de salir de un trance... Empezó a llorar silenciosamente, asustada de sí misma.

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escribe!!!!!!!!!!! laugh la historia esta muy bien

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buenisima! sigue escribiendo!

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¡Hey! Estoy reviviendo una historia del año pasado, cuando en el foro eramos cuatro gatos xD (cuatro o cinco, ¿eh, Seshiro? xD). Es que (para mi) ésta historia tiene mucho futuro y me hace ilusión que la leais, alguien en especial... rolleyes

Capítulo 4- Otoño, trabajo duro y odio infinito
El sonido de pasos y los lamidos de la rasposa lengua de Kiki despertaron a Teyora, que empezó a temblar violentamente a causa del frío y de que habia estado toda la noche durmiendo en el suelo. Pero... ¿frío en verano? Cuando acarició a Kiki y se levantó a mirar por la ventana la sorpresa le hizo dar un salto. El campo estaba lleno de hojas caídas rojas y marrones. Entonces Teyora se giró hacia el cartel donde decía que aquel día llegaría el otoño, y recodró que cuando lo leyó se rió de él. Ahora se arrepentía de no haberle echo caso. Se dirigía a su habitación a coger ropa de abrigo, pero recordó que no tenia ni habitación ni ropa de abrigo. Fue corriendo hacia un armario y lo abrió. En él habia especias. Fue abriendo los armarios de uno en uno. En uno de ellos estaban las guadañas de recambio, en otro la harina en sacos pequeños, y tras abrir tres armarios encontró uno con unas gruesos hedredones. Sacó el primero que vio y se lo puso sobre los hombros. Luego recordó el sonido de pasos, y se dirigió a la puerta para ver si habia alguien allí. Cuando dobló una esquina chocó con una Aniripsa que se cayó al suelo.
- Perdón- dijo Teyora, que no se dio cuenta de que habia sonado un tanto fría.
- Uf, no pasa nada- dijo la Aniripsa volando para ponerse en pie. Cuando miró a Teyora el jarrón con flores secas que tenía en las manos se le resbaló y cayó al suelo.
La Aniripsa no hizo ademán de recogerlo, y empezó a dar vueltas alrededor de Teyora, que empezó a marearse.
- Por la Madre Curandera, ¿qué te ha pasado?- preguntó examinando todas sus heridas.
- Por... un accidente- dijo Teyora, que era muy cerrada y no queria recordar la historia.
- Si quieres puedo curarte- dijo la Aniripsa revoloteandohasta el jarrón caído y recogiendolo todo- soy Holly A’Kok, encantada, esto...
- Teyora- dijo la muchacha que entró en la cocina tras de Holly.
- Bien, Teyora, quitate ese hedredón, que te quitaré esas cicatrices y costras. Estás horrible, chica, así jamás te echarás novio.
- No, gracias- dijo Teyora apartándose bruscamente.
Holly por un momento perdió su brillo, bajando al suelo la mirada, pero luego volvió a levantarse y a recobrar su brillo.
- Bueno, tu dirás. ¿Qué haces aquí parada? Deberias esta trabajando.
- ¡Boñiga de Jalató, es cierto! Gracias, A’Kok- dijo distante y sombría la Osamodas mientras salía de la cocina-comedor.
Pero cuando salió se quedó parada, pues no sabia lo que tenia que hacer. Se fue hacia un viejo Anutrof que daba órdenes y gritos a diestro y siniestro.
- Perdone- dijo tímidamente la muchacha- verá, soy...
- ¡¿Qué haces parada ahí parada?!Anda, ya puedes buscarte un trabajito- dijo el Anutrof de barba canosa echando saliba mientras hablaba.
Teyora se quedró perpleja, pero se dirigió al taller. Aunque después de hacerlo se arrepentió. Se encontró cara a cara con Carbioelix, que tenia el torso desnudo y llevaba unos cuantos sacos de harina en el hombro.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó intentando esbozar una sonrisa (aunque parecía mas una mueca de dolor) y imitando una voz amistosa.
- E-el Anutrof me dijo que viniera aquí...- Teyora sintió como si se hiciera mas pequeñita, como si se hiciera poca cosa.
- ¿Te mandó al taller?- dijo Carboelix con una risa amarga- dudo que aguantes tres horas de duro trabajo.
- ¡Soy más fuerte de lo que aparento!- dijo Teyora, que empezaba a tener frío de nuevo.
- Como quieras, Osamodas- dijo el Zurkarák encogiéndose los hombros- pero dentro de veinte minutos no me sorprenderá verte haciendo otra tarea.
Teyora resopló, indignada, y entró con paso decidido al taller. Intentó no perder su postura a causa de la intimidación que le causaban los trabajadores que habian en el taller. Eran un gran Sadida de verdes rastas y el Pandawa estúpido que la llamó Memoya y que le dio un recado incomprensible. Ambos tenían una gran musculatura y le iban dando a una palanca que iba girando enganchada a una complicada máquina por la que de vez en cuando un campesino entraba a llenar de trigo y por la que luego salía harina. Era algo extraño, y Teyora nunca habia visto nada igual. Pero frunciendo el cejo para demostrar a todo el mundo que no era una floja ni una debilucha, se dirijió a una de las máquinas libres y empezó a intentar girar la palanca, aunque estaba horriblemente dura. Se enrojeció al oír las risas del Pandawa y el Sadida, que lo hacian sin esfuerzo.
- No deberían haberte metido aquí, niña- dijo el Sadida con voz sorprendentemente suave para su físico. Teyora se enfadó, aunque estaba en lo cierto, pues solo tenia 16 años.
- Cierto, Makh. ¿Tú eres Memoya, no?- preguntó el Pandawa que dejó por un momento de darle a la palanca.
- ¡Me llamo Teyora!- dijo la Osamodas, que notaba que su enfado salía al exterior.
- Eso mismo. Se parecen mucho, la verdad- dijo el panda encogiendose de hombros.
Teyora iba a sacar un comentario desagradable, pero lo contuvo en su interior y intentó de nuevo girar la palanca. La furia que le produjo las nuevas risotadas de los corpulentos trabajadores le ayudaron a mover unos centímetros la palanca y coger bastante velocidad, aunque no tan rápido como los otros campesinos. Éstos se quedaron perplejos, pero siguieron trabajando. Al cabo de unos minutos volvió Carbioelix, pero Teyora empezaba a cansarse. Se quedó mirándola con las orejas tiesas, y, como sus compañeros, sorprendido.
- Makh, Joligan, ¿aún no ha desistido?- preguntó con un toque de ironía en su voz.
- No, la verdad es que no- dijo Makh, el Sadida.
- Es tozuda como un Jalató- le siguió su compañero Pandawa.
Carbioelix se encogió de hombros y fue a la única máquina libre que quedaba. Teyora se detuvo. Le temblaban los brazos, y el sudor recorría todo su cuerpo como pequeñas serpientes de agua. Carbioelix y sus compañeros la miraron, y cuando las miradas de la Osamodas y el Zurkarák se cruzaron a Teyora le sorpendió detectar una pizca de lástima. La muchacha se sentó en el mismo suelo y miró la harina que habia logrado hacer. Solo daba para un saco pequeño. Gimió y apoyó la cabeza contra la pared. Al cabo de unos instantes se levantó y cogió uno de los sacos de medidas pequeñas para llenarlo con la harina. Como no sabía que hacer pero no quería dejar de trabajar en el taller (pues Carbioelix, Makh y Joligan se reirían de ella), pensó que tal vez, podría...
- ¿Puedo llevar las hairnas al mercadillo de los campesinos?- preguntó sin poder pensarló dos veces.
El Zurkarák paró un momento de girar la palanca, y al cabo de unos instantes volvió a su trabajo.
- Haz lo que quieras- respondió Carbioelix sin mirarla.
Teyora se encogió de hombros y lo tomó como un sí. Cogió un carro pequeño en el que solo cabía una persona y lo ató a un Jalató. Makh se sorprendió y dijo que nunca nadie habia echo eso. También le explicó que ese carro llevaba tirado inútilmente por ahí, pues era demasiado pequeño. Pero Teyora dijo que para llevar nueve sacos de harina medianos iría bien. Cuando salió del taller intentó ignorar las risas de los campesinos. El Jalató parecia tener mas vergüenza que la misma Teyora. La bestia era la mas grande y fuerte del corral, y llegaría sin problemas. Para llegar al mercadillo solo habia que atravesar una pequeña parte del pueblo. Eso la alivió, pues no le gustaba ni un pelo la civilización. Casi todo el recorrido era de campo, y, mientras caminaba junto al Jalató, Teyora observaba el bello paisaje. No era como el de su tierra, peor era bonito también. En su tierra no veían demasiado la vegetación sureña. Teyora venció a la tentación de dar la vuelta al ver el trecho de pueblo que tenía que atravesar. Era mas de lo que ella esperaba. Aceleró el paso para no tener que ver demasiado las caras de risa, burlonas, o sorprendidas de los habitantes del pueblo. El Jalató empezó a jadear, pues Teyora no se dio cuenta de que casi corría. Cuando llegó de nuevo al campo, suspiró, aliviada. Estaba cansada, y pensó que, a la vuelta, podría subirse ella al carro. No tardó mucho en poder divisar una pequeña caseta con un símbolo en forma de espiga de trigo en la entrada. Seguramente, eso era el mercadillo de los campesinos. Al cabo de un par de minutos estaba fentre a la entrada y abrió la puerta. Cuando entró habia un endividuo encapuchado con una tela color gris verdoso y estaba vendiendo un buen ramo de malta. Estaba esperando a recibir el cambio, y cuando lo recibió, a Teyora le pareció que e lmundo se partía en dos.
Era un Sacrógrito. La despreciable raza que masacró su aldea por puro placer. Teyora notó como su mano empezaba a temblar violentamente y empezaba a agarrotar los dedos involuntariamente. Teyora dirigió la mirada a su mano que, sin pararse quieta, la hacía caminar a causa de su impulso. Se estaba dirigiendo hacia un bonito decorado que era un escudo y dos espadas cruzadas, y a la muchacha le invadió el miedo cuando, sin ni siquiera que ella lo quisiera, la mano agarraba el mago de una de las espadas. La muchacha, casi llorando, agarró su mano con firmeza y la bajó, pegándola a su cuerpo. Notaba su fuerza, la fuerza del odio. Una parte de ella quería coger la espada y atravesarle el corazón a ese Sacrógrito, pero la otra parte quería dejar eso y marcharse corriendo. Teyora apretó los labios a causa del esfuerzo que suponía mantener inmóvil la mano. Empezó a oír los latidos de su corazón , que resobanab muy fuerte dentro de su cabeza. Tum tum. Tum tum. Tum tum. Entonces todo se volvió borroso a su alredededor y se cayó al suelo, perdiendo la conciencia.

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ummm holap jejejeje eres muy buena escritora ^^ O_O me enganchaste con la lectura desde el principio ojala podamos seguir esta historia tan genial k escribes ^^

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Oye nubbah te brincastes del capitulo 2 al 4 o es mi imaginacion?

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