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[RP] Los prisioneros del Culto

Por Dharymel 28 de Marzo de 2010 20:22:14
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sigue cuando puedas...
voy a armar bronca con el parche contra los profes
pretenden que hagamos 12 tareas de un dia para otro
sigue
que estres
(no les habia dicho? soy rolito^^)

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Ah que lastima yo queria ver que pasaba con migo sad

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Luego de más de un mes de tortura escuela, por fin les traigo el capítilo 4 biggrin

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o--o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Cap. 4 Nunca comas jalatín


Tres días habían pasado ya desde aquella masacre de prisioneros, pero aún seguía fresca en la memoria de los sobrevivientes de tal barbaridad. Muchos de ellos aún olían la sangre brotando de aquella deforme masa de cadáveres, y las miradas sin vida de los cuerpos seguían grabadas en sus mentes. Un silencio de muerte era lo único que se oía desde las jaulas de prisioneros.
Sin embargo, los cultistas parecían no inmutarse: reían, bromeaban y dormían como si aquella escena fuera cosa de todos los días. Los rumores de su crueldad no se comparaban con lo que habían hecho.

Nayar, quien se había acostumbrado ya al parloteo de sus prisioneros, curiosamente se sintió incómodo por la falta de habla de éstos, y por fin decidió dirigirles la palabra. Volteó su cabeza hacia ellos, y su primer cautivo que vio fue la aniripsa. Sentada en la esquina de la jaula, tenía sus piernas recogidas entre sus brazos y parecía dormir con los ojos abiertos, su mirada perdida en la nada y unas cuantas lágrimas parecían nublar su vista.
Curiosamente, Nayar no encontró qué decirle. Una serie de ideas sobre qué decirle o preguntarle pasaron por su mente, una cada vez más estúpida que la otra. Era tonto preguntarle cómo se sentía, pues su mirada de tristeza y angustia lo decía todo. Ofrecerle comida tampoco era sensato, pues en su estado el hambre de seguro era lo último que pasaba por su cabeza. Preguntar sobre Ohm o su familia la entristecería más y no lograría que hablara. El sacrógrito jamás había necesitado conversar con sus prisioneros, así que no tenía idea de cómo hacerla hablar. Pensó que mejor llamaría a Lordzunt y charlarían entre ellos, y se olvidaría de sus prisioneros.

Justo cuando Nayar abría su boca para tomar aire y gritarle a Lordzunt que se acercara, un frágil dedo toqueteó su hombro con temor. Era la aniripsa, quien con ojos llorosos lo miraba temblorosamente, de rodillas detrás de él y sujetando una de las barras de la jaula. El sacrógrito estaba sorprendido de que se atreviera a hablarle, y por otro lado sintió alivio por no tener que ser él quien le hablara a ella.

“Qué quie--” comenzó el sacrógrito, notando rápidamente el suave tono de voz que tenía, y cambiándolo a uno rudo y autoritario. “Qué quieres, aniripsa?”

“A-Aun no entiendo… porqué nos secuestran? Qué nos harán?” gimió la joven, dejando caer varias lágrimas por sus mejillas. “Es verdad que nos sacrificarán?”

“…Sí, así es. Los sacrificaremos al grandioso Ogrest en el corazón de las minas de Amakna...” murmuró el sacrógrito, por primera vez en su vida sintiendo una pizca de remordimiento por decir eso.

La chica permaneció callada, mirando incrédulamente al sacrógrito. Poco a poco, el terror comenzó a llenar sus ojos, abriéndose cada vez más. Su respiración se agitó y comenzó a sudar. Un grito de pavor era inminente. Lo menos que necesitaba Nayar era que cundiera más el pánico entre sus prisioneros y quisieran escapar de nuevo. Rápidamente el sacrógrito soltó las riendas de los dragopavos y sujetó la cabeza de la joven con una mano mientras con la otra le tapaba la boca. Obviamente ella trató de liberarse, pero una mirada enfurecida del joven bastó para hacerla quedarse quieta.

“Si dices una palabra a los demás juro que te mataré aquí mismo y te alimentaré a los jalatós” susurró el sacrógrito, mirándola directamente a los ojos.
El resto de los prisioneros miraba con espanto al sacrógrito sujetar a la chica, esperando que en cualquier momento le rompiera el cuello con un solo movimiento. Muchos de ellos la tomaron por muerta. Sin embargo, nadie se atrevió a mover un dedo o decir una palabra, sólo miraron aterrados hasta que Nayar soltó la boca de la aniripsa, pero no su cabeza. En cambio, los miró a ellos iracundamente y se volteó un momento a ver el curso de los dragopavos, quienes afortunadamente no se habían salido del camino aún. Regresó a ver a la aniripsa, quien lo miraba con temor y angustia; provocándole al joven un raro sentimiento de compadecimiento por ella.

“Son unos monstruos…” dijo Melyssa, sujetando fuertemente las barras de la jaula.

“Si te sirve de consuelo, me castigarán a mí también” replicó el sacrógrito.

“En serio? Porqué?” inquirió la joven, cambiando totalmente su mirada de odio a curiosidad.

“No regresaré al campamento con suficientes jaulas de prisioneros. Tendremos que usar a los que quedan allá. Alguna vez te ha azotado un osamoda?” bromeó Nayar, rascando su sien y sonriendo.

Con dificultad él pudo notar la fugaz sonrisa de la joven, que fue rápidamente reemplazada por una mirada al suelo de resignación. Luego, un curioso gruñido proveniente del estómago de Melyssa dio lugar a un silencio embarazoso, sobre todo para ella. El sacrógrito sonrió y detuvo la carreta, y dio la orden a sus subordinados de hacer lo mismo.

“Descansemos un poco y comamos, compañeros. Estamos cerca de casa, les prometo una buena cena!” exclamó Nayar, con una enorme sonrisa en su cara.

Al cabo de un rato muchos prisioneros y cultistas tenían un plato de comida en sus manos. Contrario a lo que otros pensarían, los prisioneros recibían comida buena, incluso mejor que en la prisión de Ohm. Al parecer los cultistas querían que sus prisioneros llegaran sanos y salvos al campamento para que representaran un buen sacrificio a Ogrest.

Un par de cultistas se acercaron a Nayar con un par de jalatines muertos en una bolsa. Ambos reían y sonreían contando su suerte de encontrar jalatines solos, y de cómo ambos cayeron varias veces tratando de alcanzarlos.

“Tú decides, Nayar! Los guardamos para la cena en el campamento o los comemos ahorita?” preguntó uno de los cultistas, dando palmadas al saco sangriento donde guardaba a la criatura.

“Hay que comerlos ahora!” exclamó el segundo cultista. “Hace tiempo que no como jalatín asado!”

Antes de que Nayar pudiera pensar, un grito alertó a todos los cultistas.

“CUIDADO!!! VIENE UN JEFE DE GUERRA JALATÓ! !!!!”

Y en efecto, un jefe de guerra jalató acompañado de varios jalatós y jalalíneas se acercaban intempestivamente a los cultistas y sus prisioneros. En un parpadeo, los captores tomaron sus armas y comenzaron a atacar a la familia jalató.

A mordidas y embestidas, los jalatós hirieron a cuanto cultista se les opuso. Los hacían caer, les mordían piernas y brazos e incluso con sus duros cascos los pisoteaban hasta romper un hueso o dos. En realidad estaban furiosos.
Poco a poco, los cultistas lograron matar a los jalatós. Clavaban sus hachas en sus cabezas, los atravesaban con flechas y se entablaban peligrosos duelos animales entre las invocaciones de los osamodas y los jalatós salvajes.

Sin embargo, muchos cultistas yacían lastimados y gimiendo de dolor. Sin pensarlo dos veces, Nayar abrió la jaula en donde Melyssa se encontraba y le dio órdenes de empezar a curar a heridos lo más pronto posible. La asustada aniripsa obedeció y se dirigió hacia el cultista más cercano, usando sus palabras curativas para sanar las heridas de sus captores.

Al final, sólo el orgulloso jefe de guerra jalató permanecía vivo, pues toda su manada había sido asesinada por los cultistas. Incluso el mismo jefe estaba terriblemente herido, pero seguía peleando por su vida. Lleno de rabia, cólera e ira, se dirigió hacia su próximo blanco: una aniripsa arrodillada junto a un ocra herido. Al estar al ras del suelo, serían fáciles de matar, o al menos así lo razonó el animal.
Con furia comenzó si embestida hacia la indefensa joven, quien al darse cuenta de esto fue invadida por un pánico terrible. Una cornada bastaba para atravesarla, o moriría bajo los cascos de la bestia, pero de cualquier modo sufriría un fin terrible.

Pero un destello en el suelo llamó su atención: Una flecha y un arco del ocra a quien curaba temblaba sobre la tierra, sacudida por el peso del jefe de guerra jalató. Rápidamente y sin pensarlo, tomó las armas y disparó al jefe, cerrando los ojos esperando el golpe final.
Un fuerte golpe sonó frente a Melyssa, junto a un último bramido de muerte. Esforzándose para abrir un ojo la aniripsa vio el cuerpo del jefe de guerra con la flecha justo en el medio de sus ojos, a unos pocos centímetros del ocra moribundo.

Por unos momentos Melyssa no pudo oír ni sentir nada, sólo el temblor de su cuerpo y el miedo de haber enfrentado la muerte tan cercanamente. Ni siquiera se percató de los gritos de sus compañeros cautivos, quienes la veían paralizada y se preocupaban por su bienestar. Fue hasta que Nayar puso una mano en su hombro que la joven reaccionó de su estado, dejando caer el arco que aún tomaba en sus manos.

“Aniripsa, quién te enseñó a usar el arco?” inquirió el sacrógrito, con una mirada confusa y un poco alarmada.
“N-No lo sé… Es la primera vez q-que uso uno…” tartamudeó la aniripsa, aún asustada.

Un mar de ideas inundó la mente de Nayar. Mientras la joven curaba a los heridos, Nayar se sentó sobre una roca, mirándola fijamente y siguiendo cada uno de sus movimientos. Jamás en su vida había visto a otra persona más que a Ikaros sujetar el arco del modo en que Melyssa lo había hecho. Eso no era una cosa que cualquiera pudiera aprender, pues muchos cultistas incluyendo a Lordzunt intentaron tomar el arco de ese modo, pero no lograban disparar con la potencia con la que Ikaros, y ahora Melyssa, lo hacían. Lo más raro era que ella, siendo una aniripsa, controlara de tal modo esa arma. Sólo había un modo de que lo lograra, y la simple idea de esa posibilidad espantaba a Nayar de un modo inimaginable.

“Porqué tan callado, hombre?” cuestionó Lordzunt, interrumpiendo los pensamientos del sacrógrito. “Anda, que no ha muerto nadie y tenemos suficiente carne para la cena de esta noche”

“Lordzunt… No te parece que esa aniripsa tiene cierto… semblante… como el de Ikaros?” murmuró Nayar, temeroso de la respuesta.

“Sé lo que estás pensando, y no es posible. Ikaros no tiene familia en ningún lado” respondió el ocra, tratando de relajar a su compañero.

“Mencionó que estuvo casado una vez, antes de unirse al culto…” prosiguió el sacrógrito.

“Pero nunca que tuviera hijos o que ella estuviera esperando uno. Ya, deja de atormentarte, Ikaros es nativo de Emelka y esta chica de Ohm. No hay posibilidad alguna!” alegó Lordzunt, un poco molesto.

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Horas después, los cultistas y sus prisioneros llegaron uno de los puentes que unen la isla central de Amakna con el anillo exterior. Los secuestradores ya se sentían como en casa, y su actitud se volvió aún más alegre. Por el contrario, los cautivos se sentían cada vez más cerca de su muerte.

Era cuestión de tiempo para que todos afrontaran sus destinos…

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Ya tengo tiempo para escribir, por fin! biggrin Espero les guste, chicos.
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He...aleluya, esta bueno, pero por cierto, ¿sabes por qué el gremio ultimamente ha estado inactivo Dharymil?

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WOW...menuda historia x3 me encanta =D...x cierto, cres que kedará sitio para una prisionera como yo? xD
si es así mi nombre sería Aurelana (no me complico la vida xD), clase Yopuka (alegre, fuerte, divertida...) y alguna habilidad especial si quieres =3 pliss no pares x3

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Y yo por supuesto:

Nombre: Ajes

Clase: Sacro

Aspecto: Viste de azul y negro, tiene cabello negro y ojos azul zafiro.

Personalidad: Amistoso, amigable y romantico

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Pobre Ogrest, como manchan su nombre, los cultistas mas parecen del culto de Rushu que de Ogrest, si al final el vastago de Otomai tenia intenciones de verdad mas loables.

Ha sido un placer leerte Dharymel, espero seguir leyendote pronto. smile
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ArcMikaeru

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Espero k sigas pronto Dry...parece k se esta muriendo el foro...Debemos encontrar la forma de despertarlo...Almenos la seccion Rolera xD

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Ya era hora de sacar mi 5to capítulo! D:< Maldito bloqueo... Pero bueno. Este capítulo se centrará un poco sobre el culto y la historia de Ikaros, disculpe si no agregué a sus personajes D:


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Cap. 5 El Trato

Auuuuuuuuu!!!!

Profundos aullidos se escuchaban a lo
lejos, llorándole a la luna que comenzaba a levantarse. El sol, por el contrario, se escondía en el horizonte dejando a Amakna en la oscuridad. Lanoche volvía a caer en el Mundo de los Doce.

“Un campamento!” exclamó Neiklot,acercándose al frente de la jaula.

Con la última luz del atardecer se podía divisar a lo lejos un campamento, con varias cabañas y fuego en el centro.

“Llegamos…” dijo Khronos en un murmuro, provocando un silencio aterrador entre los prisioneros.

Malexita jaló a Neiklot hacia ella y lo abrazó, quedando ambos sentados en una esquina de la jaula. Dante hizo lo mismo con Melyssa, cuyos ojos volvían a empañarse de tristeza.

Ninguno se atrevía a decir una palabra, pues no había nada que decir. Nada que les pudiera dar consuelo o subir los ánimos, claro. Otros prisioneros comenzaron a llorar, sacudiendo las barras de la jaula con desesperación de escapar. Clamaban a gritos que los dejaran irse, sólo para recibir golpes como respuesta.

Nayar odiaba ese último tramo entre el puente y el campamento, era cuando los prisioneros más se desenfrenaban y hacían escándalo para pedir ser libres. A veces sentía ganas de amordazarlos para que se callaran de una buena vez. Ya tendrían tiempo para gritar y llorar durante el ritual de sacrificio.

Por fin, luego de varias horas, los cultistas arribaron al campamento con sus cautivos.

El campamento tenía alrededor de 30 cabañas situadas en torno a lo que parecía ser un altar a Ogrest, con su alta estatua en el medio y rodeada por fogatas. Detrás de las cabañas había jaulasde madera con el techo cubierto por piel de milubos.

Cuando la caravana de cultistas llegó al campamento los prisioneros fueron llevados hacia esas jaulas, algunos intentaron en vano escapar y otros siguieron calladamente las órdenes de sus captores.
Resignación, miedo, angustia, desesperación… el ambiente en las jaulas era insoportable.

Melyssa notó a lo lejos varias familias que al parecer vivían en el campamento. Mujeres, niños, ancianos e incluso mascotas habitaban aquellas cabañas. Más que un campamento, parecía una aldea común y corriente. Al parecer eran las familias de los cultistas, pues los recibían con besos y abrazos. Por un minúsculo momento la joven sintió ternura al ver a uno de los captores agacharse a recoger a un niño de unos pocos años de edad y besarle la frente con entusiasmo. Cómo era posible que personas con comportamiento tan salvaje pudieran sentir amor y poder crear una familia? Quizás ellos no eran tan bárbaros como pensaba.

Los días pasaban, cada uno tan tenso y rutinario como el anterior. La aniripsa comenzó a sospechar que el método que usarían los cultistas para matarlos sería el aburrimiento.

Sin embargo la rutina la rompía de vez en cuando Nayar, quien en veces se acercaba a preguntar si les hacía falta algo. Para ser su captor, era extrañamente amable con los pueblerinos. Desde que llegaron al campamento él no dejaba de observarla. Al principio no había ninguna emoción detectable en sus ojos, pero con el pasar de los días fruncía su ceño más y más como si estuviera molesto con ella. Pero el sacrógrito jamás le dirigió la palabra, nunca le habló en tono golpeado ni nada por el estilo; por lo que la joven no conocía la causa de su comportamiento ni cómo hacer que dejara de lanzarle tales miradas. La aniripsa examinaba su comportamiento, cada día estaba más agitado que el anterior, yendo de un lado a otro del campamento mordiéndose las uñas.

Cierto día en especial, después de salir de la cabaña más grande del campamento, el joven se mostró más alterado que nunca. Golpeaba o pateaba todo objeto inanimado que se le cruzara por su camino, elevaba constantemente su tono de voz y caminaba hacia la jaula de la aniripsa sólo para detenerse a medio camino y regresar por donde vino.

Esa misma noche, una fría mano sacudió el hombro de Melyssa para despertarla. Luego de tallar sus ojos, la joven vio Nayar a su lado dentro la jaula aún posando su mano sobre ella, indicándole con la otra mantener silencio. Su mirada era seria, fría como los barrotes que la mantenían prisionera y no mostraban emoción alguna. La aniripsa temió por su vida en ese momento, y su temor aumentó más cuando él tomó su brazo y con sumo cuidado la sacó de la jaula dirigiéndose a una cabaña cercana.

Al entrar a ella, Melyssa vio varias camas con sábanas blancas, entre las cuales habían burós con lo que parecían ser medicinas y ungüentos. También habían unos cuantos libreros y un estante de vidrio con lo que parecían ser vendajes y otros objetos de botiquín. Un aniripsa tendía la última cama al fondo de la cabaña, y al mirar a los dos jóvenes cerca de la puerta se apresuró a salir.

“Cuál es tu nombre?” inquirió Nayar secamente.

“M-Melyssa…” la joven respondió tartamudeante y confundida.

“Melyssa, ésta es la enfermería. Hay todo tipo de pócimas y brebajes que surten los alquimistas, libros sobre medicina y otras cosas que podrías necesitar para curaciones. Por el momento no hay nadie, pero en veces regresan muchos cazadores heridos o niños que se lastiman jugando. Tú puedes permanecer aquí, te daremos un lugar para dormir y no te faltará comida ni ropa” el sacrógrito explicó.

La joven no respondió, sólo dio un paso al frente y observó encantada el lugar. Se imaginó curando gente, acomodando botes de medicina y leyendo los muchos libros que le ayudarían a ser mejor curandera.

“Te ofrezco todo esto, a cambio de que formes parte de nuestro culto. Es una oportunidad que no se le ofrece a cualquiera” continuó Nayar, poniendo sus manos sobre los hombros de Melyssa y hablándole al oído. “Lo llamamos ‘El Trato’, al prisionero que se le ofrezca debe pasar una única prueba durante los sacrificios y podrá formar parte de nosotros venerando al Gran Ogrest. Acepta participar en el sacrificio de otro prisionero y podrás vivir libremente aquí, curando a quien lo necesite y…quizás… hasta formando una familia con alguno de nosotros. "

En un santiamén, el recuerdo de los cultistas y de los horrores que los había visto cometer borró la placentera idea de vivir en ese lugar. Cómo soportaría ayudar a quienes la secuestraron y asesinaron a tantas personas frente a ella? Cómo se atrevería a ver a los ojos diariamente a aquellos que la hicieron pasar por tal tormento? Cómo podría ayudar a matar a una persona?

“Parte de su culto?!” exclamó la joven, volteando hacia Nayar bruscamente. “Jamás! Yo no les ayudaré en nada a ustedes, salvajes!”

La mirada del sacrógrito, que hasta el momento había sido seria y tranquila, se volvió iracunda e inyectada de sangre. Tomó rudamente la cabeza de la aniripsa y acercó su cara a él tanto que la joven podía sentir su furibunda respiración en su piel, y sus narices por poco rozaban una con otra. Las manos de Nayar temblaban de coraje, haciendo lo posible por controlarse un poco y no terminar
aplastando el cráneo de Melyssa.

“Escúchame bien, aniripsa!” gritó exasperado. “Este es el único modo en que puedo salvarte, debes aceptar o morirás en la lava! Sólo debes empujar a alguien, no te pido que nos acompañes en los asaltos o que secuestres como nosotros! Jura lealtad al Gran Ogrest y no te sacrificarán!”

“No! Prefiero morir antes que asesinar a alguien que no se lo merece!”
replicó la chica.

“Acepta, aniripsa! Acepta el trato!!!”

“No lo haré! No mataré a nadie ni viviré entre ustedes!”

“Hazlo!!!”

“No!”


El sacrógrito arrojó a Melyssa con ira al suelo, y pateó duramente la pared de la cabaña dejando una hendidura en la madera. Mientras tanto la joven sólo logró gatear hasta el borde de una cama, antes de que Nayar la hiciera sentarse sobre ella de un empujón. Por un momento la chica pensó que la mataría ahí mismo.

“Por última vez, Melyssa! Vas a aceptar el trato y evitarás que te sacrifiquemos?” preguntó el joven.

“Porqué insistes tanto? Porqué quieres que acepte? Porqué?!” replicó la aniripsa entre sollozos.

La mirada del sacrógrito cambió por un momento de iracunda a sorprendida, y su temperamento se heló drásticamente. Se mostró titubeante por unos minutos, durante los cuales la joven logró secar sus lágrimas sin notar el cambio en la mirada de Nayar. Finalmente, al voltear a verlo a los ojos, notó el mismo ceño fruncido que portaba el joven los días anteriores, como si pensara de nuevo en lo que pensaba cuando la miraba entonces. Parecía querer decir algo, incluso tomaba aire para hablar, pero no dijo nada. Simplemente la tomó del brazo nuevamente y la condujo de nuevo a su jaula sin decir ni pío.

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Horas antes, ese mismo día...

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Nayar estaba decidido. Le preguntaría de una vez por todas a su padre sobre su pasado, y no se marcharía de su cabaña hasta tener respuestas.
Ikaros era el jefe del Culto a Ogrest en Amakna. Ajes, su mano derecha, había sido como un hermano para él y un tío para el joven sacrógrito. Sin embargo, ninguno de ellos hablaba de su vida antes de que Nayar fuera adoptado.

El chico entró a la cabaña de su padre con una mirada seria y algo acongojada. Tomó asiento en uno de los sillones cerca de la puerta y esperó a que el ocra lo viera.

“Porqué esa cara, Nayar?” preguntó Ikaros, sentándose a su lado al notarlo más serio de lo normal.

“Padre… Tú estuviste casado alguna vez, no es así?” replicó el sacrógrito sin mirarlo a la cara.

La pregunta dejó perplejo al hombre, tanto por la seriedad con la que su hijo lo interrogó como por la dolorosa respuesta que le correspondía. La mente de Ikaros divagó unos minutos antes de decidirse a contestar.

“Sí... hace mucho tiempo…” respondió el ocra severamente. “No es algo de lo que quiero hablar-“

“Por favor, padre…” suplicó Nayar.

“Bien… te lo diré…”

El hombre se levantó y tomó un enorme trago directo de la jarra de cerveza que tenía en la mesa, como si el alcohol
adormeciera el dolor que le traían sus recuerdos.

“Estuve enamorado una vez… una mujer llamada Alesha. La conocí en Emelka hace años durante una de mis aventuras y fuimos inseparables desde entonces. Compartimos varias misiones juntos, batallamos los más terribles monstruos en la isla, pero sobre todo… nos casamos. Estuvimos juntos durante 3 años, los más felices de mi vida. La amaba como no tienes idea, Nayar…”

“Y qué sucedió? Porqué nunca supe de ella?”

“Porque… ella murió. Si no me hubiera ido, quizás estaría viva…“

Diciendo esto el hombre sollozó silenciosamente luego de darle la espalda a Nayar, quien estaba más sorprendido que nunca. Jamás había visto a su padre derramar una sola lágrima. Pero por más que le doliera verlo así, debía conocer toda la historia.

“A qué te refieres, padre? A dónde fuiste?” el sacrógrito preguntó, un poco temeroso de una reacción violenta.

“Alesha se quedó en Emelka porque no se sentía bien, mientras yo había ido a Sevamor a cobrar una recompensa. El pueblo fue atacado mientras yo estaba ahí, me hicieron prisionero y jamás la volví a ver. ”

“Tú… tú fuiste prisionero?!”


“Claro que sí, al principio acepté el trato sólo para seguir vivo y poder volver por ella. Mantuve la esperanza de verla de nuevo durante años. Tiempo después, estaba a punto de convertirnos en líder del culto, le pedí a Ajes que enviara un par de hombres a Emelka para averiguar

sobre el paradero de Alesha. Cuando volvieron dijeron que había regresado a Ohm con su familia y muerto ahí… fue picada por una Arakna Mayor, aparentemente.”

Ikaros hizo una pausa breve para tomar más cerveza, pero esta vez el trago fue más largo.

“Eso nunca tuvo sentido… Sus hechizos de curación eran los más poderosos que he visto en mi vida! No pudo curarse?!” gritó, lanzando el jarro a una pared.

“He-Hechizos de curación?!” tartamudeó Nayar, petrificado. “Ella… era una aniripsa?!”

Sí hijo, la más hermosa de Amakna.” Respondió Ikaros, buscando otra jarra de cerveza entre los muebles. “Ahora ve a traerme otra jarra de cerveza, quiero estar solo.”

“Pero padre--”

“YA ME OISTE, VETE!”


Resignado y angustiado, el sacrógrito obedeció las órdenes de su padre. Mientras tanto un sinfín de preguntas lo acosaban sin descanso: Sería posible que Melyssa fuera la hija de Ikaros? Cómo haría para averiguarlo? Se atrevería a hablar con la joven y preguntarle por su familia? Si lo hacía, ella sospecharía de él y sus intenciones? Si en realidad resultaba ser hija del ocra, cómo le diría a su padre que la había secuestrado? Y si sólo era una coincidencia y no estaban relacionados? Si evitaba que sacrificaran a la joven, cómo le explicaría a su padre y a la joven su parentesco? Y si le ofrecía el trato a Melyssa y no aceptaba, tendría que sacrificarla?

Pero había una pregunta que loatormentaba más que las otras…

Quería salvarla porque era hija de Ikaros, o por algún motivo aún más personal?

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Ahí está. Ya pueden apedrearme.
No, no habrá un momento a lo StarWars de "Yo soy tu padre!". Tengo planeado algo mucho mejor >=)
También, ya no me pidan que agregue más personajes porque ya no tengo espacio >.<
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grandioso.... fantasticoooo
sigue q vas muy bien

byeee beeee

M.M.I.T.I.B.F.D.A

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Increible me gusto mucho ver de nuevo esta historia esta muy buena siiiiiii...
 

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Por fin el capítulo final! Disculpen que no haya incluido a todos en el RP, no hubieron espacios sad Ojalá lo disfruten!
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Cap. 6 Sacrificio

Había llegado el día. Éste era el último día de muchos de los prisioneros que habían sido traídos de Ohm. Éste era el último día de vida de Melyssa.

Los cultistas los habían conducido hacia una mina en el centro de Amakna, la cual llevaba a las mismísimas entrañas del Mundo de los Doce. Era ahí, donde la fulgurosa lava surgía de la Tierra, el lugar en el que se llevaría a cabo el sacrificio de los pueblerinos. Sin embargo, el sacrificio era menos sangriento de lo que se había pensado. Se ponía al prisionero de rodillas frente a la lava, se le daba un golpe en la parte trasera del cuello y se aventaba el cuerpo inconsciente a la lava, mientras los cultistas entonaban cánticos y alabanzas a Ogrest.

Mientras tanto los prisioneros lloraban, gritaban, gemían y se rehusaban a ser asesinados. Sus gritos eran cada vez más desgarradores al acercarse a la orilla de la lava, que sentían quemando su piel. Sus lamentos retumbaban por toda la cueva mientras veían como sus hermanos y amigos eran golpeados y lanzados a la lava ardiente. No sólo las cabezas, sino los corazones de los ohmianos eran rotos cruelmente.

También un corazón sufría, y no era el de un prisionero. El mismísimo hijo de Ikaros, el futuro líder del Culto de Ogrest en Amakna estaba hundido en un dolor y una angustia similar. Aún no había decidido qué hacer respecto a aquella aniripsa y seguía sin saber el porqué de su preocupación.  Pero se quedaba inmóvil, estático, paralizado… sólo la observaba.

Melyssa, por su parte, estaba sumida en el silencio. Ni una lágrima, ni un temblor, ni un suspiro… sólo callaba y esperaba su final. Ni siquiera reaccionaba cuando Dante le llamaba o intentaba hacerla verlo, simplemente no respondía a nada. Su mente había escapado de regreso a Ohm, a los campos y bosques verdosos que tanto amaba, a los juguetones tofus que corrían veloces por los campos picando el trigo que con tanto esfuerzo había sido sembrado. Ella ya no era prisionera, su mente estaba libre y no sufriría más.

Ikaros y Ajes eran quienes golpeaban y lanzaban a los cautivos, respectivamente. Sólo cedían su lugar cuando algún prisionero deseaba formar parte del Culto y lo vitoreaban al terminar su rito de iniciación.

Sorpresivamente, un cultista se acercó con una prisionera de la mano y pidió el lugar de Ikaros.

“Gran Ikaros, esta joven desea ser parte de nosotros! Le he ofrecido el trato y está deseosa de unirse a nuestro culto” exclamó el sadida cultista, con una enorme sonrisa en su cara.

“Cuál es tu nombre, pequeña?” inquirió el ocra.

“Malexita, señor! Quiero unirme a ustedes, y sobre todo… a Riler”
respondió ella sujetando fuertemente la mano del sadida. “Haré lo que sea!”

Los ojos de Neiklot se humedecieron y abrieron llenos de sorpresa y desesperación, pues era su turno de ser ejecutado.

“Malexita, amor… qué haces?! No me puedes hacer esto! Nopuedes matarme!” sollozó.

“Claro que puedo, y lo haré!”
replicó la joven, tomando el pesado y ensangrentado entre sus manos.

“No, mi vida, no lo hagas, no me---“

CRACK!!!!

Un golpe directo a la cara de Neiklot le rompió el cráneo, pero él seguía vivo. La ocra le había golpeado un lado de la cara y no la parte posterior de la cabeza como debía haber hecho para desnucarlo. El dolor del joven era indescriptible, pero sólo lograba emitir un gemido ahogado de sangre y piezas de huesos. Con uno de sus ojos alcanzó a ver cómo su novia, la mujer que más amaba en el mundo, lo lanzaba a la lava sin chistar.

Ikaros y Ajes alzaron las manos de Malexita y gritaron su nombre, mientras el resto del Culto le aplaudía y la llamaba “hermana”, dándole la bienvenida al culto. Mientras tanto Dante se sentía desfallecer, pues acababa de presenciar cómo su mejor amiga asesinaba a su mejor amigo. Lágrimas desbordaron sus ojos y cayó sobre sus rodillas al tiempo que en su mente corrían las imágenes de Neiklot y Malexita junto a él en Ohm, recuerdos de años pasados en los que los 3 convivían como mejores amigos, recuerdos de Neiklot pidiéndole ayuda para conquistar a la ocra, y la feliz cara de los dos jóvenes al anunciar su compromiso. Ahora uno de ellos fue asesinado en manos de su propia amada, mientras ella se marchaba alegremente sosteniendo la mano de otro.

Melyssa por fin alzó la mirada, observando un pequeño charco de sangre frente a sus pies y la lava sulfurosa borboteando a un lado. Era su turno de ser sacrificada.

Una sola lágrima rodó por la cara de la joven, mientras Ajes la hacía arrodillarse e Ikaros levantaba el mazo sobre su cabeza.

“ESPERA, PADRE!!!!!”
gritó por fin Nayar, corriendo al lado de la aniripsa y deteniendo los brazos de Ikaros.

Todo el culto quedó en silencio, observando la curiosa escena. Nayar tomó la cara de la joven y la acercó a Ikaros para que la observara de cerca.

“Mírala padre, no te parece familiar? No te recuerda a Alesha? Tú dijiste que no se sentía bien antes de que te fueras hace 17 años, no?” exclamó el sacrógrito, exaltado y agitado.

Ikaros sólo observó a la chica enmudecido, con los ojos bien abiertos y llorosos. El mazo cayó de sus manos, y junto a él cayó el ocra de rodillas mirando a los ojos a… su hija.

“Alesha… eres idéntica a ella…” murmuraba el hombre, sosteniendo temblorosamente las manos de la aniripsa.

“Conoces el nombre de mi madre…” replicó Melyssa. Su respiración se agitó y tomó la cara del ocra entre sus manos “Tú…. Eres justo como mi madre describía a mi padre!... Papá!!!!!!” exclamó, sumiéndose en un profundo abrazo con Ikaros.

Ambos lloraron entrelazados amarga y tristemente, pero a la vez una sensación de alegría y alivio podía sentirse alrededor de ellos. Incluso Nayar, que no lloraba desde hace años, derramó un par de lágrimas de alivio y tristeza a la vez.

“Porqué te fuiste?!” lloró la joven entre los brazos de su padre. “Pudiste haberla salvado! Pudiste evitar que la mataran!”

El corazón de Ikaros pareció detenerse en seco, pues su cara se congeló con una expresión confusa entre sorpresa e ira.

“La mataron?! A qué te refieres con que la mataron???!!! No había sido picada por una Arakna?!” inquirió furibundo.

“No! La asesinaron en el pueblo hace 10 años, nunca se supo quién fue… Si hubieras estado ahí quizás la habrías salvado…”

Una mirada furiosa se marcó en los ojos del ocra, mientras en su mente por fin todo tenía sentido: Ajes le había mentido.., y había mandado asesinar a Alesha! El hombre se levantó bufando como un jabalí, determinado a asesinar a quien le había arrebatado la oportunidad de encontrarse con su único amor hace años. El zúrcarak, notando las obvias intenciones de su compañero, se movió más rápido que él y le arrebató del lado a Melyssa, acercándola peligrosamente a la lava.

“No te muevas hermano, o ella muere!”
gritó desesperado Ajes.

“Hermano?! CÓMO TE ATREVES A LLAMARME ASÍ!!!!!” vociferó Ikaros.

“Lo hice por nosotros, por ti! Si encontrabas a tu mujer dejarías el culto, me abandonarías!”

“Cómo sabes lo que haría?! Alesha me hubiera seguido hasta el fin del mundo! La hubiera convencido de unirse a nosotros!”


Los ojos de Ajes se llenaron de lágrimas, pues siempre había estado seguro de que Ikaros se iría y nunca tuvo en mente la posibilidad de que ella fuera parte del Culto. Su desesperación aumentó.

“Suéltala, tío!” gritó Nayar con temor “Déjala ir!”

“No… No! Hago todo esto por ti, Ikaros, por nosotros! Por el Culto!”
gritó exaltado el zúrcarak.

En un solo movimiento, Ajes arrojó a Melyssa a la lava.

Ikaros tomó el mazo e hizo pedazos la cabeza de su amigo, convirtiéndola en poco más que una pulpa peluda de carne y huesos ensangrentados. Nayar trató de sujetarla hiriéndose a sí mismo y usando su hechizo de absorción con ella, pero fue inútil. No pudo alcanzar a la joven aniripsa que ahora estaba quemándose viva en la lava.

“NOOOOOOOOOOO!!!!!!” gritaban el ocra y el sacrógrito, mientras veían como su amada Melyssa ardía sin poder evitarlo.

Su pelo, su ropa, su piel… todo se incineraba en el ardiente calor de la lava de Amakna. Al cabo de unos segundos ya no sintió ni oyó nada, ni los gritos afligidos de su padre y Nayar, ni el quemante ardor de la lava cubriéndola. Nada….

En los últimos momentos de vida que le quedaban, una última escena recorrió su mente. Podía ver su casa en Ohm, en un día soleado y tibio, y frente a su puerta se encontraban su madre, su padre, su abuela y Nayar. Todos le sonreían y parecían invitarla a entrar a su casa por última vez.

Después todo se volvió oscuridad.

Melyssa había muerto devorada por el fuego del Mundo de los Doce.

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Tarán! No era lo que esperaban, cierto? xDDD Qué les pareció?
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nooooooo...se murio mely....TT-TT ....
y yo soy mala....xDDDDD
excelente final... buena trama...eres fantastica, amiga fantastica
tumbs up

see you

Izu-ichi

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Wii wenisima me rre enganche cn la historia..pobre mely sad ... espero q sigas progresando y haciendo  mas novelas-historias kmo estas ya no veo la hs de empezar cn el mio biggrin

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Epílogo

La ira del Culto a Ogrest se desató.Los cultistas se habían  dividido en dos, por un lado estaban los seguidores de Ajes y por otro los que eran fieles a Ikaros. El hecho de que éste hubiera matado a su  compañero causó un tremendo descontento entre el bando contrario,quienes ahora querían cercenar la cabeza del ocra.Una batalla se desató, el Culto se destruía a sí mismo y aniquilaba a quienes habían sido sus compañeros. Ahora en verdad conocieron el significado de  “Caos”.

Los prisioneros, mientras tanto, se enfocaron en huir a prisa del lugar. De los amigos de Melyssa, sólo Khronos y Dante habían sobrevivido y lograron escapar de la mina. Sin embargo su futuro era incierto, ya que no conocían el terreno y los mediulubos sonaban hambrientos en la distancia. Pese a su rivalidad, el xelor y el yopuka tuvieron que unir fuerzas para intentar regresar vivos a Ohm.
El Culto de Ogrest en Amakna se disolvió, los sobrevivientes huyeron a otros archipiélagos a unirse a los Cultos que estaban asentados ahí. Malexita y Riler fueron asesinados por ladrones en su camino a Bonta, o al menos eso se rumoreaba.Nayar e Ikaros apenas lograron sobrevivir la masacre que se llevó a cabo en aquella cueva, pero a diferencia del resto decidieron viajar a Ohm. Ikaros deseaba visitar la tumba de su amada, y Nayar quería hacerle una a Melyssa. Decidieron no decirle a su abuela lo que había sucedido, pues la noticia quizás acabara con el ya débil corazón de la anciana. Prefirieron  guardar silencio sobre quiénes eran y qué había pasado.
Nayar cargó en la consciencia la muerte de Melyssa hasta el día de su muerte, reprochándose el no haber hablado ni actuado a tiempo. Si hubiera dicho algo antes del sacrificio, quizás Ajes no habría logrado asesinar a la joven.
Ikaros se sumió en una terrible depresión, peor que la de su hijo adoptivo. No sólo se había enterado del asesinato de su esposa, sino que presenció la muerte de su hija minutos después de conocerla. El licor se volvió su único consuelo, y un día simplemente desapareció. Nayar nunca supo qué le sucedió, sólo encontró una nota diciendo “Los amo a los tres” en la cama de su padre.
Quienes tanto dolor habían causado ahora sufrían el doble, obtuvieron en vida la retribución que les esperaba después de la muerte. Aprendieron duramente que quien obra mal será víctima de un mal peor, no sólo él sino todos los que le rodean.
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nHaaay por que yo tengo que ser el malo ahora? T-T. a perdon, soy Sir-Tristephin, antes Escouperman xD, me volvieron a banear...pero ya k se va a hacer?, y como es eso de que yo soy el malo? T-T (si es mi culpa, no recuerdo haberte dicho mi personalidad xD) haaaay mi pobre cabezita T-T, almenos Melyssa no sufrio tanto como yo...perdonen es que es la primera vez que me ponen como el malo xD, es que soy de personalidad amorosa...(acabo de descubrir una cosa...ahi quede como todo un Gay!! T-T) ah...Bueno admito que te quedo bien...aunque mi raza tampoco es zurca si no sacro con talentos de aniripsa...

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me muriiiiii....yupiiiii yo simpre me muerooooooooo en historia que se respete claro....xDDDD
no mentiras...los malo deben morirse lo buenos no....asi que Mely noooooooooo
TT-TT muy buena la historia...lastima Mely...*snif*

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Que final tan inesperado todo esto ocurrio muy rapido. lastima.

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