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[NAR] Crónicas feéricas

Por ValeryLeFay - MEMBER (+) - 04 de Noviembre de 2018 23:07:11
PRIMER CAPÍTULO: ECOS DEL OLVIDO


*In principio erat Verbum*

Valery:  (desesperado, confuso y asustado.) ¿Qué...? ¿Qué ha sido eso? ¿Dónde estoy? ¡¡AAAAAHHH!!

El tiempo y el espacio se diluían en un terrible vacío. Sólo era perceptible un constante pulso; el de los seis Dofus primordiales. Valery se encontraba en la antesala de la existencia, el lugar en el que las almas se encarnaban en el recipiente material otorgado por los Doce. 

El terror inicial cesó, pronto el paisaje empezó a tomar forma a través de una nebulosa de Wakfu. A penas se apreciaban unas cuantas formas: extraños cristales, constelaciones, algún árbol torcido y... ¿qué tan extraña figura femenina sonríe en la distancia?

Valery: (intrigado y con el pulso acelerado) ¡eh, tú! ¿quién eres? ¿qué ha pasado?

Una risa con más picardía que inocencia se multiplicó en cada esquina de ese escenario abstracto. La nebulosa de Wakfu ahora era una niebla que distinguía las facciones de la dama. Lo que más destacaba en ella era el corazón luminoso situado en el centro de una corona de madera que se asemejaba a las astas de los ciervos. Aunque los claros, largos y frondosos cabellos que se confundían con su inmaculado vestido de cola no se quedaban atrás. 

???: Esta es nuestra última oportunidad.

Una lágrima luminiscente cayó del rostro de la dama. Al impactar contra el suelo, la escena se congeló. Un estruendo le partió en dos, y de pronto... despertó. Su conciencia regresó. Estaba en un peñón bastante elevado. La hierba húmeda bruñía colores turquesa. Unos wonejos correteaban a su alrededor como curiosos algodones. Asomó la vista por el abrupto acantilado y donde pensaba encontrar mar, encontró el helado abismo del Krosmoz que había confundido con la noche. Muy cerca de donde se encontraba, se suspendía en el aire una isla mayor.
Sin embargo, el espacio entre ambos sitios no era tan pequeño como para superarlo de un salto.

Frustrado y prisionero de su asombro, se sentó entre la hierba fresca para observar el comportamiento de los wonejos. Como dicha actividad no era muy productiva, pronto empezaría a formularse preguntas. Sabía que era Valery Le Fay, fiel devoto de la diosa Aniripsa y que vivía en la ciudad de Bonta. Conocía las criaturas, los frutos y las fuerzas que lo rodeaban. Evidentemente, no era un recién nacido, su aspecto de joven adulto lo delataba. No obstante, era incapaz de recordar más detalles sobre su vida. Era como si todo cuanto tuviese en la mente fuesen ecos olvidados de otra vida, sin lugar a dudas, con resonancias legendarias.

Un ganso de azul grisáceo se acercó a la brillante maleza. Los wonejos corrieron despavoridos, y alguno acabó despeñado. No era tal pájaro ni imponente ni temible, pero la naturaleza de esos seres era demasiado absurda como para analizarla. 

Valery se acercó sin sigilo, y a pesar de ello, el ganso se quedó mirándolo fijamente, sin mover un ápice de su plumífero cuerpo. Nuestro protagonista paró en seco para observarle, pero el ganso seguía estático. Tuvieron que pasar unos minutos para que finalmente dicho pájaro empezase a tomar forma humana.

Entre vapores de diversos colores un hombre alto, delgado y con un exuberante moño de azul grisáceos apareció.
El aniripsa, curado de espanto, no hizo ninguna mueca de sorpresa. Sólo presenciaba ojiplático la transformación.

Otomai: Vaya, vaya, vaya. Eres el primero de cientos que no se asusta presenciando mi performance. Eso me gusta, chico. ¡Oh, qué maleducado, no me he presentado! Bien, me llamo Otomai, y soy el mejor alquimista del Mundo de los Doce. También el más apuesto, pero esto que quede entre tú y yo.

Al fin, Valery reaccionó cruzando los brazos y haciendo visible en su rostro cierta agresividad.

Valery: (tono sarcástico.) ¡Oh, bien, y ahora se me presenta el loco de los mil archimonstruos! ¿O no serás realmente la sombra de un sapomorros ciego? Quizá ahora empiece a distorsionarse este idílico paisaje como si me hubiese fumado la Fongopea entera, ¿verdad?

Otomai esbozó una sonrisa que se convirtió rápidamente en una hilarante carcajada con cierto toque maléfico.

Otomai: (tono tranquilo pero incisivo.) Criatura, entiendo que la experiencia de encarnación no debe ser fácil, pero no tienes por qué pagarlo conmigo. Así no se conquista a un caballero...

Valery: (aún más enfadado.) ¿Encarnaqué? No sabía que había muerto. Sin embargo, debería haber aparecido en una estatuilla de fénix y no en este esperpéntico lugar. Además, lo normal es conservar los recuerdos.

Otomai: Bueno, te has acordado de mí, eso es lo que importa. Ahhh... bueno, vagamente. Yo ya no cosecho las almas de archimonstruos, de hecho... ese proyecto era para anticiparse al caos de Ogrest y bueno... ese caos ya sucedió unos siglos atrás. Pero bueno, tómate esto con optimismo. Te aseguro que habría cosas de mí que te habrían costado olvidar, jejeje.

Valery: Desde luego, no tu gran moño...

Otomai: Te aseguro que has visto cosas más grandes en mí... ¡jajaja! (se rasca sonrojado la cabeza.)

Valery: (ofendido y ruborizado.) ¡¿Así es como se comporta ahora el regente de Isla Otomai?!

Otomai: (entre carcajadas.) No, he descendido de rango. Ya no soy el jefazo de una isla tropical, ahora soy Miembro del Clan de Incarnam, encargado de soportar las estúpidas dudas de los más novatos. Es lo que tiene un diluvio universal, que provoca recesiones. 

Valery: (se lleva las manos a la cabeza visiblemente sorprendido) Entonces... ¡¿esto es Incarnam?! 

Otomai: ¿No te sorprende más que el mundo haya sido envuelto en perpetuas tormentas? Ay, qué poco pido para lo que tengo que escuchar. Sí, en efecto, esto es Incarnam. Y sí, ya no flota en el cielo de Astrub, sino que el dragón pétreo que sostiene esta isla tuvo que huir del Mundo de los Doce en destrucción y estar más próximo al plano de encarnación. Por ello, puedes observar el espacio sideral desde este lugar.

Valery: Disculpa mi poca elocuencia, todavía tengo que ordenar mi pensamiento. Son demasiados estímulos. ¿Por qué me he reencarnado como un alma reciente en el Incarnam? ¿Por qué sólo tengo recuerdos vagos acerca de lo que me rodea? ¿Quién era la dama que se apareció cuando estaba como soñando...?

Otomai: (con una seriedad fuera de lo común.) No puedo responder esas preguntas. Aunque te conozco, no he presenciado tu muerte. Pero debe haber sido algo fuera de lo común para haber regresado al plano de encarnación. Normalmente, el alma suele desintegrarse en el Externam cuando la muerte es definitiva. Soy un científico, no un oráculo. Mi única misión es guiarte. Pero no pienses demasiado en ello, céntrate en tu nueva vida y en disfrutarla al máximo, ¿prometido?

Valery: Promet... (le interrumpe un fuerte estallido)

Desde el peñón se puede observar una fuerte explosión de Stasis desde el epicentro de Incarnam. Las almas empiezan a gemir pavoridas. Los wonejos que correteaban por el peñón terminan de caer al vacío. El bruñido de la hierba se atenúa. El ambiente se vicia y se vuelve pesado.

Otomai: ¡No te muevas!

El alquimista se transforma de nuevo en un ganso y arrastra con una fuerza descomunal a nuestro protagonista hacia el lugar que emanaba violentamente un torrente de Stasis. Esta no era la Incarnam que Valery conocía. Era una Incarnam cuya periferia estaba repleta de ríos y cascadas de Wakfu, con árboles musicales y gemas preciosas. Sin embargo, en su centro... yacía algo maligno. Un feroz aliento morado embriagaba a las tiernas criaturas que acompañaban a las nuevas almas. Un profundo abismo corrompía con su oscuridad a los wonejos y a las hadas nativas de este lugar.

Otomai: (en tono solemne.) Cuando este cráter stasiado entra en erupción, decenas de almas son arrastradas por la oscuridad. No podemos hacer nada por evitarlo. Así es el ciclo vital, movido por el Wakfu y el Stasis, por los dioses y por los fab'huritus, por la creación de la Gran Diosa y la destrucción del Gran Dragón. Debemos agradecer que no nos ha pillado cerca. Escúchame, Incarnam no es el lugar seguro de antaño... sino todo un purgatorio. Ven, acompáñame, te enseñaré el camino al Zaap, espero recuerdes, al menos, el de Abs... (un grito desgarrador interrumpe el diálogo.)

Valery: (tiritando de miedo.) ¿Qué qué qué ha sido e..so?

Otomai: (horrorizado.) ¡¡DETRÁS DE TI!!

De los abismos emergió una terrible serpiente con un solo ojo. La serpiente estaba repleta de plumas carmesí que brillaban con intensidad. Sus fauces se componían de colmillos pétreos con extraños símbolos tallados. No parecía una criatura de la naturaleza, sino una abominación ideada por una mente perversa. Nuestro protagonista no podía tener un peor adversario en este primer combate. 



 
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Está muy bien narrado y es muy interesante. Simplemente genial uwu. Espero con ansias la siguiente parte <3.

Te aseguro que has visto cosas más grandes en mi... 7u7

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*Yaoi mode on*

Ay, qué lástima que nuestro protagonista no recuerde esas noches de pasión en la Isla de Otomai... 

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Me ha encantado la parte de "Como si me hubiera fumado la Fongopea entera" xDD

Por todo lo demás me encanta tu buena redacción aunque eso es siempre.

-3
Resultado : 207

¡Gracias por tu apoyo!
No sé por qué te han puesto negativos, la frase de la Fongopea es genial. tongue

El humor nunca puede faltar en una aventura wakfusiana.

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