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WAKFU orígenes: una historia de Az

Por [Ankama]WAKFU - ADMIN - 16 de Octubre de 2019 16:00:00
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Los sonidos se habían atenuado ligeramente, pero él conseguía igualmente reconocer sus piadas y sus gorjeos. Ya los adoraba, esos «¡pío, pío, pío!» de los que aún no sabía nada. Y de los que tampoco comprendía mucho... Aunque sí lo justo para apreciar su humor y su tonalidad.

La vida de un huevito de tofu no es para nada tranquila. Esta llena de peligros. Ya, sí... Pocos son los que consiguen eclosionar. Muchos son devorados, robados, aplastados mucho antes... Antes de haber podido romper su cascarón con un picotazo sincero. Antes siquiera de haber podido distinguir con sus propios ojos este mundo magnífico a la par que hostil. Antes de haber podido desplegar sus frágiles alitas y marcar el suelo con su huella de tres dedos...

Ese pequeño tofu, más que cualquier otro, estaba deseando descubrir lo que ocurría en el exterior. Pero hasta que el gran día llegara, debía tener paciencia. Por eso, cada momento, cada sensación, para él era la ocasión de hacer volar su imaginación. Ya se había formado una imagen bastante concreta de lo que le esperaba. ¿Se decepcionaría? Seguramente no... Ya que aunque cada día le servía de pretexto para a esbozar una nueva faceta del Mundo de los Doce en su nuevo cerebro (casi tan pequeño como el de un yopuka, ¡de eso no hay duda!), estaba convencido de que este le reservaba un montón de inesperadas sorpresas. Y estaba en lo cierto...

Al principio de aquella tarde, el pajarito acababa de despertarse de una interminable siesta. En esta etapa de su evolución, necesitaba mucho descanso. Su cuerpecito trabajaba al cien por cien para convertirlo en un tofu fuerte y lleno de energía.

Los gorjeos de sus padres eran los que conseguían sacarle de su sueño, pero esta vez, el despertar resultó ser más desconcertante. Se sentía ligero como una pluma, como en un estado de ingravidez. Su corazón hacía piruetas en su caja torácica. Agradable o no, no sabía bien decirlo... Desconcertante, sin duda. Unas sombras se dibujaban a través de su cascarón tan fino como el papel. Eran diferentes a las de costumbre. Una hoja. Luego otra. Y otra más... Se encontraba en la cima de un árbol. Extraño... el nido en el que sus padres lo incubaban solo estaba a unos kámetros del suelo. ¿Cómo podía saberlo? Por los frutos maduros que escuchaba aplastarse contra el suelo al caer. El tofu ya era un pequeño genio científico, capaz de apreciar las distancias, capaz de situarse en un entorno en el que, hasta el momento, había vivido a ciegas. Todo, simplemente con el oído. Los rayos del sol empezaron a atravesar su cascarón hasta el punto de deslumbrarlo. No, eso tampoco era normal... Los únicos momentos del día en los que el emplazamiento del nido le ofrecía este resplandor eran temprano por la mañana y al final del día. Extraño…

De repente, un grito. O más exactamente dos gritos que se fundían en uno solo. El pavor y el sufrimiento se percibían en él. ¡Sus padres! A pesar de escucharlos tan lejos, los había reconocido. Pero, de hecho... ¿por qué se encontraban tan lejos? A menos que... ¿fuera él el que se encontraba lejos de ellos?

«¡¡Friiiz!! ¡Friiiiiiz! ¡¡Friiiiiiiiiz!!»

Esos aleteos... No los reconocía. Una envergadura mucho más pequeña que la de sus padres. Algo frío. Casi metálico.

«¡Tzzzz! Kkkk... Gzzzuuu... ¡Tzzzz ! ¡Tziii! ¡Friiik!»

También era la primera vez que escuchaba esos ruidos. Eran glaciales. En el interior de su cascarón, a pesar de estar protegido contra el viento y demás inclemencias, el pequeño tofu tiritaba con toda el alma. Pese a que estaba al principio de su vida, ya tenía un conocimiento y una aprensión del peligro más que desarrollados.

El pájaro empezó a comprender. También a sentir pánico... Simple y llanamente, estaba siendo arrebatado a sus padres. Pero ¿para qué? ¿Por qué a él? Y sobre todo... ¿¿por quién?? Sus secuestradores eran pequeños, pero numerosos. Había mucho jaleo en el exterior... Un enjambre de no se sabe qué. Un pequeño ejército con una coreografía milimetrada. Como el mecanismo de una máquina. Infernal, sin lugar a dudas.

Bruscamente, el pequeño tofu se dio cuenta de que estaba volando, aunque involuntariamente, y el pánico se apoderó de todo su ser. ¿Cuántos kámetros le separaban del suelo? ¿¿Cuántos le separaban de sus padres?? Se asfixiaba. Necesitaba aire. ¡AIRE! ¡Pero eso era imposible! A menos que... ¿Su cascarón? ¡No! ¡Era demasiado pronto! ¡Demasiado! No obstante... ¿No se trataba de una situación de extrema urgencia? El pequeño tofu debía fiarse de su instinto. Sus padres ya no estaban ahí para decidir por él. Solo podía contar consigo mismo... No quedaba más tiempo para reflexionar: se disponía a dar un buen picotazo a su cascarón, sin saber realmente lo que haría después, cuando de repente...

«¡¡PÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!»

Un nuevo grito. Este por el contrario, aunque no conocía su intensidad, lo habría reconocido entre mil. El cascarón vibraba. El pájaro estaba siendo golpeado por todos lados, proyectado contra sus frágiles paredes. Afortunadamente, su plumaje ya era lo suficientemente abundante para amortizar los golpes. De esta montaña rusa infernal, el pequeño tofu sacó la conclusión que le pareció más creíble: lo estaban arrebatando... Podía imaginar la batalla que se libraba en el exterior entre su padre y sus agresores. Siempre se lo había imaginado regordete, un tanto gordinflón para ser honestos. Quizás estaba totalmente equivocado... Repasaba su tamaño, igualmente pequeño pero fornido, los hombros anchos y el busto bien proporcionado. Sin embargo, por primera vez desde que tenía consciencia, le faltaba la imaginación: no conseguía representar a los que querían llevárselo. Sus gritos agudos y el zumbido metálico de sus alas hacían que tuviera la profunda convicción de que venían de otra parte. La angustia de pensar que su padre pudiera sufrir algún daño los volvía aún más siniestros...

Un grito más. Definitivamente, todos los residentes de los árboles de los alrededores participaban en la batalla.

«¡¡HYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!»

Su madre. ¿¿Su madre?? Una vez más pensó que su imaginación le había jugado malas pasadas. Él la veía frágil y delicada. Pero el grito de guerrera lleno de determinación que soltó al lanzarse sobre los que trataban de arrebatarle el fruto de sus entrañas decía todo lo contrario...

Una lucha sin piedad causaba estragos. Luego el silencio, brutal... y la inmovilidad. ¿Quién había ganado? ¿Entre las patas de quién se encontraba ahora? El corazón le latía a mil por hora. Necesitaba saberlo. ¿Iba a conocer a los suyos? ¿O comenzaría su vida junto a criaturas que, claramente, no querían su bien? El pequeño tofu se jugó el todo por el todo. Un discreto golpe con la garra contra la pared del cascarón. La luz se infiltró en el interior del huevo con una intrusión casi molesta. No veía nada.

Luego todo se volvió oscuro. Negro.

Oh... Más bien marrón. ¿Amarillo? Sí, amarillo oscuro. Y suave... Realmente suave... El tofu pegó su mejilla a la apertura que acababa de crear y de la que emergían algunas plumas con un perfume reconfortante, familiar... Dio un pequeño cabezazo, contra lo que era nada más y nada menos que el vientre materno. Un abrazo realmente emotivo, en el que también participó su padre de quien podía sentir la presencia, al otro lado del cascarón.

Su padres se enlazaron literalmente. Habían ganado la partida... Una primera partida que anunciaba la rudeza de la vida que iba a vivir. ¿Pero contra quién? ¿Contra qué? Eso Az no lo sabría hasta mucho más tarde...

Sin saberlo, desde su más temprana edad (antes incluso de nacer), Az se había enfrentado a las crueles noxinas y a la insaciable sed de poder de su amo Nox. Quizás el xelor, con sus poderes de mago del tiempo, había presentido el potencial del pequeño tofu antes incluso de que rompiera su cascarón. Quizás el ave ya era una increíble fuente de Wakfu. Si era así, Nox habría hallado en él lo que haría, muchos años más tarde, el inseparable compañero y preciado aliado del selatrop más famoso del Mundo de los Doce...

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Pareja y Padre de 5 encantadores tofus es nuestro Az.
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Es la historia del pollo tofu  de yugo. Que rara son estas historias como la de los blobs de Brakmar. Cordial saludo

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Con una historia así, si Az no acaba convirtiéndose en un chocobo o algo parecido a un super tofu, yo me desentiendo de Ankama ya.

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a mi me gusto xD

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Pues no esta nada mal, aunque viendo esto uno piensa que Az tiene bastante potencial como personaje al poder entender tanto sin siquiera haber nacido, y despues fue completamente ignorado

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