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Boss Smasher: trufa o impostor

Por [Ankama]WAKFU - ADMIN - 17 de Mayo de 2019 16:00:00

Es famoso por ser terco como un puerco, constantemente de colmillos con todos, y por tener un cuero muy resistente utilizado para confeccionar vestimentas de todo tipo (para los que no tengan miedo de oír el hocico a kilokámetros a la redonda). ¿Pero sabías que el Balí Real sabe husmear impostores igual de bien que encontrar trufas? O al menos eso es lo que se cuenta de generación en generación en los hogares de los balíes...

Se cuenta que, antiguamente, en la época en la que todavía no se los explotaba por su carne tan apreciada para elaborar embutidos cocidos, ahumados, a la pimienta o con avellanas, los balíes pasaban los días haciendo concursos, a veces algo excéntricos. Concursos para ver quién comía más bellotas y setas en menos tiempo. Concursos de canto de hocico. Concursos de chistes (los famosos «¿cuál es el colmo de...?»). Pero sobre todo, se volcaban en el famoso concurso «A ver tu trufa» que consiste en ver quién tiene la más grande.

En ese día de fiesta, cientos de balíes se colocaban obedientemente en fila, con su preciado trofeo firmemente agarrado en la boca. Se formaba así una fila interminable de cuernos y pelo que recorría toda la extensión del territorio de la Balinería. En el extremo de la fila, dos balíes agresivos, con aspecto serio y competente, se alzaban a sendos lados de una imponente balanza. Con un gesto claro de cabeza acompañado de un gruñido persuasivo, uno de ellos invitó al primer balí a aproximarse. El animal avanzó tímidamente y colocó la trufa en la que tenía puestas tantas esperanzas sobre unos de los platos de la balanza. Mientras el primer balí agresivo examinaba atentamente la trufa, el segundo colocaba las cargas para poder determinar su peso.

—¡Grrr, grrrrooouu, grrrrui, grrrruingrooouuu grrrruuiiin, gruiiiiiiiii!

Los jueces sacudieron la cabeza de izquierda a derecha y la decepción se dibujó en el semblante del balí, mientras el siguiente participante se acercaba para hacer lo propio, con una trufa de tamaño más o menos parecido. Veredicto igualmente insatisfactorio: este año tampoco se llevaría el trofeo...

Durante todo el día, los balíes desfilaron uno tras otro, posando por turnos su trufa en la balanza bajo la mirada crítica de los dos balíes agresivos. Pero ninguno de ellos conseguía batir el récord del año anterior.

En la fila de espera, llovían las críticas contra el eterno ganador de los años anteriores.

—De todas formas, no vale la pena hacerse ilusiones... ¡Seguro que ese hocico blanco de Balí Fosato va a ganar otra vez el concurso!*

—¡Tienes razón! ¡Todos los años igual! ¡Y todo porque sale con Jabalina Tillas, la hija pequeña del presidente del jurado!

—¿Pero habéis visto el tamaño de su trufa este año?

—Qué me vas a contar... ¡Tan grande como su cuartos traseros!

—¡¡JUAJAJAJAJAJAJAJAJA...!!

¿La envidia primaba sobre la buena fe y la objetividad? Lo cierto es que todo el mundo parecía ponerse de acuerdo para decir que el ganador estaba amañado. Balí Fosato, balí solitario, solo salía de su casa una vez al año, con ocasión del concurso «A ver tu trufa». Era conocido por su carácter poco dado al esparcimiento y aún menos a las interacciones sociales. Si a eso añadimos que su hocico tenía una capacidad fuera de lo común para dar con las trufas más grandes del territorio, el resultado es que era uno de los personajes más odiados del clan de los balíes.

De pronto, un ruido sordo y grave, como de una gran piedra rodando, puso fin a la hilaridad colectiva. ¿Qué era? El tan vilipendiado Balí Fosato empujaba su trufa con los colmillos haciéndola rodar hasta la balanza, ante las miradas medio admiradas medio despreciativas de sus congéneres.

—¿Qué es lo que decía yo? —murmuró uno de ellos.

Los dos miembros del jurado pidieron ayuda a varios balíes para levantar la trufa. Tuvieron que hacerlo entre cuatro, tambaleándose como pandawas saliendo de la taberna, a punto de acabar aplastados o de dejarse una pezuña por el camino. Finalmente, cuando consiguieron posarla sobre el plato, la balanza cedió literalmente bajo su peso. Estupefacción entre los balíes, que gruñeron a coro. Habían visto trufas de gran calibre... Pero esta superaba cualquiera que pudieran imaginarse. 

Uno de ellos observaba la escena con expresión desconfiado. Algo no encajaba... ¡Ah, cuántas trufas había recolectado él desde que había venido al Mundo de los Doce! Pero nunca había visto una así. Y no era su tamaño lo que le intrigaba. No, no... Era más bien su aspecto. Y estaba decidido a estudiarla más de cerca...

—¡Jurado, por favor! Aunque el veredicto parezca evidente para todo el mundo, me gustaría echar un vistazo a esa trufa, si me lo permiten.

—Bueno... El reglamento no dice que esté prohibido. ¡Acérquese, si le apetece! —respondió uno de los miembros del jurado.

El balí adoptó su aire más circunspecto y avanzó en dirección a lo que ya era objeto de todas las codicias. Se rascó la punta del hocico con una expresión soñadora y el ceño fruncido.

—Hmmm...

Se acercó un poco más y escrutó la trufa desde otro ángulo.

—Hmmm... Ya veo...

Se agachó para examinarla por debajo. Se puso de puntillas sobre las pezuñas para estudiarla por arriba.

—Hmmm... Muy bien...

Sin previo aviso, le dio un golpe seco y estratégicamente pensado con el colmillo. De pronto, la trufa se desmigajó en un montón de trufas más pequeñas ante las miradas atónitas de todos los presentes. Se vino abajo como un castillo de naipes y cientos de trufas del tamaño de pequeños guijarros salieron rodando hasta las pezuñas de los demás participantes.

—¡Ah! ¡Es lo que yo pensaba! —exclamó el balí que había sacado a la luz el engaño.

Un clamor de indignación se alzó entre la multitud. Balí Fosato había pegado una enorme cantidad de trufas entre sí para que pareciera una seta gigantesca. El balí no sabía dónde meterse. Ante las centenas de ojos acusadores fijados en él, puso pezuñas en polvorosa y huyó en dirección al bosque dejando escapar un gruñido estridente como si de un puerkazo hostigado se tratase.

El balí que había desvelado el artificio de Balí Fosato, acabando con años de fraudes, fue inmediatamente proclamado rey de los balíes. Su trufa, sin embarago, no medía ni la mitad que el hocico de una jabalina. Al final, resulta que ser un peso pesado no es necesariamente cuestión de tamaño...

*diálogos traducidos directamente del balí al docero.

Reacciones 6
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Qué no era este el Boss Smasher del mes pasado? O.o

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Es el del mes actual, el del mes pasado fue Cangwejo Real.

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la verdad es que si lanzan la proxima actualizacion el juego se muere, fin del comunicado

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Sí que me gustan estas cosas biggrinEso de las  trufas se me hizo muy curioso. Es decir, Dejaré sin el crítico principal del concurso "A ver tu trufa", asi que dañaré uno de los eventos culturales mas preciados de la cultura Balí... Hmm me convertiré en el dictador de los Balí(?

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jaja me diverti mucho haciendo esta mazmorra

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Al final, resulta que ser un peso pesado no es necesariamente cuestión de tamaño...

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