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Rastreadores de Ankama

A la sombra de Sombría - Parte 2

Por [Genki] - ADMIN - 13 de Septiembre de 2018 12:00:00
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Meit Koss estaba presa del pánico. Esa cara... ¡No podía ser ella! ¡Era imposible! ¿Dónde estaba su hermosa carita? La que suscitaba deseo y envidia a partes iguales. Su mirada, por lo general cautivadora, había dejado paso a unos globos oculares desprovistos de la más mínima expresión y tras los cuales se instalaba el vacío. En cuanto a su seductora sonrisa... Ya no era más que un lejano recuerdo...

Meit Koss llevaba ya varios días escondida entre las sombras. Se esforzaba en ser lo más discreta posible y solo salía de su lujosa mansión astrubiense si era estrictamente necesario. Lo que, evidentemente, dio bastante que hablar en el suntuoso barrio de Astrub en el que residía... Y como además su marido estaba de viaje de negocios en las recónditas regiones glaciales de Frigost, los rumores se habían disparado. Sus vecinas, siempre tan ávidas de chismorreos y demás chismes, se lo estaban pasando en grande. Se reunían para su partida de cartas semanal, siempre provistas de su mejor botella de vino pandawa y sus teorías, a cuál más extravagante...

—El otro día, estaba sacando la basura y entonces... ¡No os lo vais a creer, chicas! ¡La vi con su jardinero! Un joven yopuka con unos músculos, mmm... ¡Como os lo cuento!

—Ji, ji, ji, ¡qué tonta eres! Evidentemente que anda con su jardinero, ¡llevan ya varios meses juntos! No, yo creo que es otra cosa... Seguro que tiene un herpes de bwork en la cara. ¡Por eso es por lo que la señora ex miss Amakna no asoma la cabeza por la puerta!

—O si no... ¡Ha cortado a su marido en trocitos y se lo está comiendo con patatas acompañado de una gran copa de mohitauro!

—¡Con su jardinero!

Mientras que sus tres «amigas» echaban el rato montándose una película sobre la razón de su ausencia, Meit Koss, atrincherada en su cama, se moría de aburrimiento... Desde que adquirió esta maldita peluca en Uckín Pelos & Más, su vida se había perdido en la Fab'hugruta... No solo su rostro se había metamorfoseado, sus delicados rasgos habían dejado paso a un aterrador rostro de ghul tan expresivo como un almejillón, ¡sino que toda su mente también había sido poseída por esa maldita melena! La joven había intentado quitársela miles de veces, pero no había manera de hacerlo... Parecía que la peluca se hubiera injertado en su cráneo. Y lo más espantoso de todo: se había oscurecido e incluso había crecido, como si estuviera... ¡viva!

Pero eso no era todo... Meit Koss escuchaba voces. Voces que, sorprendentemente, no estaban en su cabeza, ¡sino sobre su cabeza! Ya no quedaba ninguna duda: la pobre mujer era presa de una maldición. ¡Ese estúpido vendedor de pelucas decía la verdad! No contenta con haberla transformado en asqueroso ghul, Sombría le susurraba insultos y otras palabras innobles. Cada día, la incitaba a cometer lo peor de lo peor... Unas veces la obligaba a obedecer amenazándola, mientras que otras lo hacía prometiéndole la luna...

El alma de Sombría albergaba grandes proyectos que, una vez llevados a cabo, le permitirían reinar en el Mundo de los Doce...

—Venga... Hazlo. ¿Qué te cuesta? Serán como tú... Y te sentirás menos sola. Sabré recompensarte, créeme...

Pero Meit Koss, o lo que quedaba de ella, tenía una entereza impresionante. En el fondo de la poquita alma que le quedaba, seguía habiendo una pizca de voluntad. Reducida al estado vegetal, la joven era, a pesar de todo, completamente consciente de en lo que se había convertido. Una marioneta, una auténtica esclava incluso, que la fab'huritu pensaba utilizar para poner a todos los doceros a sus pies. A pesar de todo, Meit Koss resistía. ¡Mira tú por dónde! La idea de darles una buena lección a algunos de sus conocidos resultaba seductora... Pero no lo suficiente. Su empatía estaba por encima de todo rencor, incluso del más tenaz. De hecho, Meit Koss pretendía hacer todo lo posible para deshacerse de su «ocupante» y así salvar a todos los doceros.

***

Nyrem Retseknal. Así se llamaba su vieja amiga sadida, aficionada a la brujería, la fabricación de ungüentos y la magia de todo tipo. Residía en el interior de una pequeña gruta hecha con piedras y musgo, perdida en el corazón del bosque. Meit Koss retiró la cortina de valvas y perlas que colgaba en la entrada. Su corazón palpitaba. Hacía varios días que dudaba en ir a visitar a Nyrem. ¿La reconocería su amiga? ¿No saldría pitando al ver aparecer un ghul en su casa? Por si fuera poco, la maldición también había afectado a la elocución de la joven. Las palabras o, más en concreto, los sonidos que salían de su boca eran simplemente incomprensibles, ¡incluso para ella misma! Conseguir que su amiga comprendiera quién era y la razón de su visita iba a ser un auténtico desafío, pero Nyrem era su única y última esperanza. Solo ella podía exorcizarla.

Meit Koss se adentró discretamente en la gruta.

—Hmpf, gluuuu, haaanf, ñuuu...

No le resultaba fácil desprenderse de sus antiguos reflejos... Sin darse cuenta, Meit Koss había querido anunciarse y saludar al entrar. Afortunadamente, su amiga no la había oído. Entonces, sacó de su bolsillo una hoja de papel y un bolígrafo y escribió las siguientes palabras

Nyrem, soy yo, no tengas miedo. Me han transformada en ghul, necesito que me ayudes. Te lo suplicio...

A esa hora, su amiga tenía por costumbre elaborar pócimas en su laboratorio. Meit Koss lo sabía, y por eso, se quedó en la entrada y deslizó su mensaje bajo la puerta de acceso a la trastienda en la que la sadida debía encontrarse. Luego, esperó nerviosa a que su amiga tuviera el valor de salir...

Un pequeño ruido. Tímido. El pomo girando como a cámara lenta. Una espesa nube de humo escapándose del ligero intersticio, luego una voz, llena de incredulidad.

—¿Meiti? No me digas que... ¡No puede ser!

La puerta se abrió un poco más, desvelando la imponente y robusta silueta de Nyrem, vestida con su inseparable delantal.

—Por todos los abráknidos del mundo...

Como respuesta, Meit Koss solo se alzó de hombros y levantó las manos confundida.

—Pobrecita mía, ¿¿quién ha podido hacerte algo así??

—Dzeñuu fñu humpf, bluuuurgs...

—¡No, no! No digas nada, cariño... No gastes energía. De todas maneras, no entiendo ni una palabra de lo que dices...

Nyrem tomó un cuaderno que había encima de un escritorio y se lo dio a su amiga. Entonces, la animó a que le explicara por escrito lo que le había ocurrido. Una vez terminó de redactar la novela de sus desventuras, la joven se sentó en un sillón, exhausta por su propio relato...

Después de leerlo, ambas trataron de comunicarse lo mejor que podían. La llamada de auxilio de Meit Koss le llegó a Nyrem al corazón. La sadida la acomodó en un sofá de su salón y le prodigó los cuidados necesarios antes de una operación de este tipo: un exorcismo como nunca antes había practicado... La vida, o al menos el alma, de su amiga estaba ahora en sus manos. ¡No podía cometer ningún error! Sin embargo, con la frente en sudor, la «bruja» comenzó sus encantamientos.

—Edrou lo min, moun nu gual idwoun, hiar ô aith é nor é neath...

Con los brazos atados, sujeta fuertemente al sofá, Meit Koss respiraba tan fuerte que daba la impresión de que su pecho iba a explotar.

Manlou pidach noun é oar hin talethi...

La joven se puso a temblar ligeramente.

Eo a-iztoleoch nûd, ostaleou hèn, ostilae amoun...

De repente, empezó a convulsionar. Una espuma verdosa salía de la comisura de sus labios. Sus ojos comenzaron a brillar con una cegadora luz violácea. El asiento empezó a tambalearse. Nyrem continuó con su labor, hablando más fuerte con una voz aún más grave, esperando así impresionar a la fab'huritu y sacarla de su amiga.

¡Fiog ô-vurv dën ni lunk ô ni ronk!

Esta vez, los espasmos eran tan fuertes que Meit Koss cayó al suelo. Por suerte, la tupida alfombra que se encontraba bajo ella amortiguó el golpe. Nyrem, sin embargo, no estaba tranquila. Con el rabillo del ojo, mientras seguía con sus invocaciones, se dio cuenta de que una de las correas que sujetaban las muñecas de Meit Koss estaba a punto de soltarse. Tratando de no dejarse desconcentrar, ¡aceleró el ritmo para acabar de una vez por todas con esa maldita fab'huritu! Pero, entonces, la ghul se puso a levitar y un aura púrpura rodeaba su cuerpo, mientras se elevaba hasta el techo, petrificada. Ni un solo movimiento más, la joven flotaba en el aire con una ligereza desconcertante. Nyrem no daba crédito a sus ojos. En toda su carrera como hechicera, nunca había visto algo así. ¿Era un signo de que el exorcismo había funcionado? Una gran sonrisa comenzó a dibujarse en la cara de la sadida. Demasiado pronto, quizás... Ya que, bruscamente, la boca de Meit Koss se abrió dejando escapar un grito tan atroz como lúgubre. Su cuerpo recuperaba vida, su fuerza parecía duplicarse. Con un gesto acertado y enérgico, se deshizo de sus ataduras y las lanzó violentamente a la cara de su amiga. Luego, se puso de pie y fijó su mirada en ella con insistencia. La muerte habitaba en su mirada. Su estatua parecía más impresionante que nunca. Era como si, de repente, hubiera ganado en musculatura y en tamaño. Nyrem temblaba de la cabeza a los pies. La criatura que se encontraba ante ella le provocaba escalofríos, y lo que estaba claro era que no tenía nada que ver con la resplandeciente y enternecedora Meit Koss que conocía desde hacía tantos años... No tuvo tiempo de reaccionar. En un instante, la poseída se lanzó sobre ella y la besó fogosamente, aspirando su alma al mismo tiempo. Cuando la sadida salió de este asedio, su mirada se había vuelto tan vacía como la de su amiga y su aspecto ahora era tremendamente grisáceo...

Nyrem había fracasado. Al contrario que Sombría, que por fin había conseguido convencer a su «títere». La fab'huritu iniciaba así su proyecto más deseado: conquistar el mundo...

Reacciones 7
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Interesante...

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y para cuando la actualización??

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¡Muy buena historia! ¡Deseando que salga ya la actualización de Sombría!

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rayos demasiado cruel estas historias por lo menos si hacen algo asi ponganle un final feliz a cada una de ellas no fatalidades tras fatalidades como lo fue con frigost

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:v

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Le doy un TREh

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