Yugo sigue explorando la isla de Oma con Adamai, su hermano dragón. Mientras tanto, sus amigos investigan las cavernas y descubren un templo muy antiguo... ¡custodiado por un dragón! ¡Y para colmo los esbirrios de Nox llegan a la isla!
Este artefacto fue inventado por los selatropes, que estaban, sin lugar a dudas, muy por encima del resto de pueblos en todos los ámbitos, ¡ya que también descubrieron los zaaps!
Como nos muestra Grugaloragrán en este episodio: el Selacubo multiplica «la magia de quien lo utiliza, hasta convertirlo en alguien tan poderoso como un dios»
Un día, un selatrop confió tanto el Dofus como el Selacubo a Grugaloragrán para que él se los diese más tarde a Yugo. Desgraciadamente, hace un millón de años, el dragón perdió el Selacubo en el cataclismo y Nox se apropió de él para sus malvados propósitos... ¡Como catalizador de WAKFU, el Selacubo le permitiría llevar a cabo hasta el más loco de sus proyectos!