29 de Junio de 2011 01:28:27 |
#1
[RP] Un sueño que cumplir
CAPITULO 1--- El plan de huida.
Hacia un calor insoportable, mas que cualquier otro día de verano, y eso que acababa de empezar, hacia calor incluso bajo la sombra de un bosque tan frondoso como aquel.
A lo lejos se escuchaba el sonido de algunos jalato trotando por un claro del bosque.
Bajo uno de los arboles había una chica, una ocra de unos diecisiete años, tenia el pelo largo, rubio, casi tan blanco como su piel, cogido con una trenza en la parte de atrás, con unos mechones sueltos delante de las orejas y el flequillo hacia el lado. Tenia la cara llena de pecas, sus ojos eran grandes y verdes, y sus labios tan rojos que parecían pintados, pero no era así, era una ocra realmente guapa.
Estaba afilando una flecha mientras refunfuñaba en voz baja.
-¿No entiende que no quiero ser como el?- Decía a si misma-No me importa que sea el negocio familiar, yo no quiero ser peletera- Daba mas brío a la flecha -Fundar una familia y seguir con el negocio, menuda tontería, yo quiero ir tras la aventura.
Siguió refunfuñando, al reto se levanto, agarro su arco, se posiciono y lanzo la flecha que había estado perfeccionando hacia una diana que ella misma había pintado en uno de los arboles.
Tenia la puntería digna de una ocra, dio en el centro, lo que la enfurecía mas, por que esa puntería se iba a desaprovechar el algo tan ordinario como el oficio de peletero.
-¡Lenore!- Se escucho una voz potente, de un hombre, que retumbaba en todo el bosque
-¡Oh no! Papa me llama- Dijo la ocra, cogió su arco y las flechas y salio corriendo.
Pronto llego al pueblo, pues estaba pegado al bosque.
Otro ocra grande y rudo estaba esperándola en la puerta de una casa pequeña, de madera. Era casi calvo pese a que debía tener unos cuarenta años como mucho, y el poco pelo que le quedaba era completamente blanco.
-Entra en casa hija, me tienes que ayudar a limpiar unas plumas de pió- No la miraba, estaba ya camino de entrar en casa.
-Yo paso, que te ayude Edward- Contesto Lenore.
-¡Siempre igual!, ¡Tu hermano esta estudiando para ser senador!- Por fin la miro, estaba rojo de furia -¡Y lo sabes!
-El si puede hacer lo que le de la gana ¿verdad?-
-¡Ser aventurera no es un oficio!- Alzaba continuamente los puños amenazadoramente -¡Deja ya tus jueguecitos de fabricar arcos y flechas y haz lo que tienes que hacer1
-Olvidame- Contesto ella y se fue hacia su cuarto.
-¡Lenore vuelve aquí!- Gritaba su padre -¡Lenore!
Pero a ella le daba igual, se metió en su cuarto y cerro la puerta con llave.
Dio de comer a su Miau miau, lo acaricio durante un rato y después se puso a hacer flechas y pulir su arco.
Pasaron algunas horas, pronto anocheció.
Lenore espero a que su padre apagase todo y se fuese a dormir para salir por la ventana.
-Si mama aun estuviese aquí esto no pasaría- Murmuro.
Su madre había muerto un par de años atrás por una grave enfermedad.
Se deslizo hasta el suelo, una vez abajo salio corriendo, con las flechas y el arco preparadas.
Se adentro en el bosque y siguió corriendo, hasta que por fin, un rato después, llego a lo que parecía una aldea.
Era pequeña, en el centro del bosque, rodeada por arboles que la ocultaban, las casas parecian construidas alli por alguna razon especial. Era una aldea de srams.
Los srams no solían ser muy sociables a si que se hicieron una aldea dentro del bosque, para no juntarse con los otros habitantes, aunque algún que otro sram vivía en el pueblo.
Lenore entro silenciosamente, paso de largo algunas casas, hasta que en una de ellas se colo por la ventana.
En la habitación a la que fue a parar había otra chica, una sram por supuesto, con el pelo largo, casi blanco, suelto, los ojos azules y la piel pálida, casi mortecina.
Era algo mas joven que Lenore, tendría unos quince años, y también era algo mas baja.
-¡Lenore!- Chillo la sram
-Hola Celia.
-No te habrá visto nadie ¿no?, si te ven te mataran- El esqueleto de su traje brillaba con la luz de la luna que entraba por la ventana, la habitación parecía hacerse mas pequeña y daba la impresión que todos los objetos que allí había giraban en torno a ese brillo.
-No- Contesto Lenore algo hipnotizada -Tranquila- Se acerco a ella y la beso en la boca
Celia la abrazo, rodeando el cuello le Lenore con los brazos, aunque se tuvo que poner de puntillas.
-No me perdonaría que los aldeanos te hicieran algo.
-No te preocupes.
Se quedaron un rato en silencio, hasta que por fin, Lenore hablo.
-Tengo que decirte algo- Dijo muy seria
-No me asustes, ¿Que pasa?
-Celia, quiero que huyamos juntas, huye conmigo.
-¡¿Que?!- La sorpresa se veía reflejada en su rostro
-A ti no te gusta lo que esta aldea te ofrece, y yo no quiero seguir el camino de mi padre- Dijo cogiéndola de las manos, mirándola a los ojos.
-No puedes ir en serio.
-No puedo ir mas enserio- El rostro de Lenore se ilumino de emoción -Iremos a la capital, Bonta, allí nos darán misiones, y podremos ser lo que siempre soñamos.
-Pero es una locura.
-No me importa si estoy contigo.
-Mi familia nos perseguiría, ¡Te mataran!.
-¡No dejaremos que nos encuentren!- La chica se seguía emocionando por momentos, su mirada parecía provocar fuegos artificiales -Piensatelo- Pauso por un momento su discurso -Si quieres venir te estaré esperando, mañana a esta hora, en el claro de los jalato, ve y escaparemos juntas.
Le dio un dulce beso en la mejilla y volvió a salir por la ventana.
Corrió hasta su casa, y, sin hacer ruido entro de nuevo a su habitación.
Agarro una pequeña mochila que tenia en el armario, metió algo de ropa y pienso para Miau miaus, después bajo, cogió algo de comida, y algunas herramientas del taller de su padre, lo metió todo en la mochila y subió de nuevo.
Descolgó uno de los mapamundi que tenia en la pared, con rutas marcadas por ella misma de aventureros que descansaban en su pueblo y le contaban historias de sus viajes. Cogió también una brújula que compro hacia tiempo a un mercader que también paso por allí, doblo el mapa envolviendo la brújula y lo metió en un bolsillo pequeño que tenia la mochila en la parte de atrás, pegada a la espalda.
Ato su carcaj a la mochila y lo lleno de flechas, también metió allí su arco. Por el otro lado de la mochila ato una jaula pequeña y la preparo para poner ahí a su miau miau cuando llegase la hora.
Después coloco la mochila bajo la ventana.
-Ya esta todo listo- Se dijo en voz baja mientras repasaba una lista mental.
Se echo a dormir, pero no pudo, los minutos le parecían horas-
Por fin amaneció, ella seguía encerrada en su habitación, había conseguido dormirse durante algunas horas.
Su padre le gritaba para que bajase, pero solo bajo dos o tres veces para comer, y durmió otras pocas horas, necesitaba estar descansada y nutrida para su viaje.
Ya estaba anocheciendo, por fin se acercaba la hora. Entonces llamaron a la puerta de su cuarto-
-Dejame- Dijo ella
-Lenore, soy yo- Una voz masculina pero dulce, acaramelada, fue la que hablo.
Lenore se levanto y abrió la puerta, un chico alto, tan rubio y pálido como su hermana y con los mismos ojos verdes entro, tenia el pelo largo, muy largo, y era muy atractivo.
-Hola Edward- Dijo Lenore mierras enrollaba una manta pequeña y la ataba también a la mochila, en la parte delantera. Con todo lo que llevaba, la mochila ocupaba bien poco, como una mochila de alguien que se va a pasar la noche en la montaña.
-Hola Lenore- Mientras hablaba se sentó en la cama -¿Por que estas tan enfadada con papa?, El intenta hacer lo mejor para ti.
-Tu no lo entiendes, a ti te deja hacer lo que quieres hacer.
-Lenore...
-Dejalo- No dejo que terminara la frase.
El chico se fijo en que su hermana había preparado la mochila y la había vuelto a colocar bajo la ventana.
-¿Pretendes huir?
-Así es.
-Es con esa sram ¿no?
-Si
-Papa no lo sabe ¿verdad?
-Claro que no- Dijo como algo obio.
-No voy a intentar detenerte- Se miraron a los ojos por un momento -Se que sera inútil- Edward se levanto de la cama, metió la mano un el bolsillo de su pantalón y saco una pequeña bolsa de tela llena de kamas -No es mucho, pero no puedo darte mas- Lenore se guardo la bolsa y los hermanos se abrazaron -Ten cuidado- Susurro el, ella asintió.
Tras eso Edward salio cerrando la puerta tras de si.
Ella metió al pequeño Al, el miau miau, en la jaula y se puso la mochila.
-Ya esta- Dijo comprobando que lo llevaba todo. La mochila pesaba muy poco, sera por lo comprimido que esta todo, pensó ella.
Echo un rápido vistazo a la habitación en forma de despedida y salio por la ventana.
Pronto llego al claro de los jalato, que estaba en el bosque. Allí el césped era alto, y abundaban las rocas. Se sentó en el suelo apoyada en uno de esos pedruscos para esperar a Celia.
El sonido de los ronquidos de los jalato impedían el silencio.
Espero durante casi tres horas, yendo de un lado a otro, acariciando a Al y volviéndolo a meter en su jaula, sentándose y levantándose.
No va a venir, pensó, se dio la vuelta y comenzó a andar en dirección hacia Bonta.
-Lenore- Escucho de repente a sus espaldas, era ella, era celia, salio corriendo y la abrazo.
Hacia un calor insoportable, mas que cualquier otro día de verano, y eso que acababa de empezar, hacia calor incluso bajo la sombra de un bosque tan frondoso como aquel.
A lo lejos se escuchaba el sonido de algunos jalato trotando por un claro del bosque.
Bajo uno de los arboles había una chica, una ocra de unos diecisiete años, tenia el pelo largo, rubio, casi tan blanco como su piel, cogido con una trenza en la parte de atrás, con unos mechones sueltos delante de las orejas y el flequillo hacia el lado. Tenia la cara llena de pecas, sus ojos eran grandes y verdes, y sus labios tan rojos que parecían pintados, pero no era así, era una ocra realmente guapa.
Estaba afilando una flecha mientras refunfuñaba en voz baja.
-¿No entiende que no quiero ser como el?- Decía a si misma-No me importa que sea el negocio familiar, yo no quiero ser peletera- Daba mas brío a la flecha -Fundar una familia y seguir con el negocio, menuda tontería, yo quiero ir tras la aventura.
Siguió refunfuñando, al reto se levanto, agarro su arco, se posiciono y lanzo la flecha que había estado perfeccionando hacia una diana que ella misma había pintado en uno de los arboles.
Tenia la puntería digna de una ocra, dio en el centro, lo que la enfurecía mas, por que esa puntería se iba a desaprovechar el algo tan ordinario como el oficio de peletero.
-¡Lenore!- Se escucho una voz potente, de un hombre, que retumbaba en todo el bosque
-¡Oh no! Papa me llama- Dijo la ocra, cogió su arco y las flechas y salio corriendo.
Pronto llego al pueblo, pues estaba pegado al bosque.
Otro ocra grande y rudo estaba esperándola en la puerta de una casa pequeña, de madera. Era casi calvo pese a que debía tener unos cuarenta años como mucho, y el poco pelo que le quedaba era completamente blanco.
-Entra en casa hija, me tienes que ayudar a limpiar unas plumas de pió- No la miraba, estaba ya camino de entrar en casa.
-Yo paso, que te ayude Edward- Contesto Lenore.
-¡Siempre igual!, ¡Tu hermano esta estudiando para ser senador!- Por fin la miro, estaba rojo de furia -¡Y lo sabes!
-El si puede hacer lo que le de la gana ¿verdad?-
-¡Ser aventurera no es un oficio!- Alzaba continuamente los puños amenazadoramente -¡Deja ya tus jueguecitos de fabricar arcos y flechas y haz lo que tienes que hacer1
-Olvidame- Contesto ella y se fue hacia su cuarto.
-¡Lenore vuelve aquí!- Gritaba su padre -¡Lenore!
Pero a ella le daba igual, se metió en su cuarto y cerro la puerta con llave.
Dio de comer a su Miau miau, lo acaricio durante un rato y después se puso a hacer flechas y pulir su arco.
Pasaron algunas horas, pronto anocheció.
Lenore espero a que su padre apagase todo y se fuese a dormir para salir por la ventana.
-Si mama aun estuviese aquí esto no pasaría- Murmuro.
Su madre había muerto un par de años atrás por una grave enfermedad.
Se deslizo hasta el suelo, una vez abajo salio corriendo, con las flechas y el arco preparadas.
Se adentro en el bosque y siguió corriendo, hasta que por fin, un rato después, llego a lo que parecía una aldea.
Era pequeña, en el centro del bosque, rodeada por arboles que la ocultaban, las casas parecian construidas alli por alguna razon especial. Era una aldea de srams.
Los srams no solían ser muy sociables a si que se hicieron una aldea dentro del bosque, para no juntarse con los otros habitantes, aunque algún que otro sram vivía en el pueblo.
Lenore entro silenciosamente, paso de largo algunas casas, hasta que en una de ellas se colo por la ventana.
En la habitación a la que fue a parar había otra chica, una sram por supuesto, con el pelo largo, casi blanco, suelto, los ojos azules y la piel pálida, casi mortecina.
Era algo mas joven que Lenore, tendría unos quince años, y también era algo mas baja.
-¡Lenore!- Chillo la sram
-Hola Celia.
-No te habrá visto nadie ¿no?, si te ven te mataran- El esqueleto de su traje brillaba con la luz de la luna que entraba por la ventana, la habitación parecía hacerse mas pequeña y daba la impresión que todos los objetos que allí había giraban en torno a ese brillo.
-No- Contesto Lenore algo hipnotizada -Tranquila- Se acerco a ella y la beso en la boca
Celia la abrazo, rodeando el cuello le Lenore con los brazos, aunque se tuvo que poner de puntillas.
-No me perdonaría que los aldeanos te hicieran algo.
-No te preocupes.
Se quedaron un rato en silencio, hasta que por fin, Lenore hablo.
-Tengo que decirte algo- Dijo muy seria
-No me asustes, ¿Que pasa?
-Celia, quiero que huyamos juntas, huye conmigo.
-¡¿Que?!- La sorpresa se veía reflejada en su rostro
-A ti no te gusta lo que esta aldea te ofrece, y yo no quiero seguir el camino de mi padre- Dijo cogiéndola de las manos, mirándola a los ojos.
-No puedes ir en serio.
-No puedo ir mas enserio- El rostro de Lenore se ilumino de emoción -Iremos a la capital, Bonta, allí nos darán misiones, y podremos ser lo que siempre soñamos.
-Pero es una locura.
-No me importa si estoy contigo.
-Mi familia nos perseguiría, ¡Te mataran!.
-¡No dejaremos que nos encuentren!- La chica se seguía emocionando por momentos, su mirada parecía provocar fuegos artificiales -Piensatelo- Pauso por un momento su discurso -Si quieres venir te estaré esperando, mañana a esta hora, en el claro de los jalato, ve y escaparemos juntas.
Le dio un dulce beso en la mejilla y volvió a salir por la ventana.
Corrió hasta su casa, y, sin hacer ruido entro de nuevo a su habitación.
Agarro una pequeña mochila que tenia en el armario, metió algo de ropa y pienso para Miau miaus, después bajo, cogió algo de comida, y algunas herramientas del taller de su padre, lo metió todo en la mochila y subió de nuevo.
Descolgó uno de los mapamundi que tenia en la pared, con rutas marcadas por ella misma de aventureros que descansaban en su pueblo y le contaban historias de sus viajes. Cogió también una brújula que compro hacia tiempo a un mercader que también paso por allí, doblo el mapa envolviendo la brújula y lo metió en un bolsillo pequeño que tenia la mochila en la parte de atrás, pegada a la espalda.
Ato su carcaj a la mochila y lo lleno de flechas, también metió allí su arco. Por el otro lado de la mochila ato una jaula pequeña y la preparo para poner ahí a su miau miau cuando llegase la hora.
Después coloco la mochila bajo la ventana.
-Ya esta todo listo- Se dijo en voz baja mientras repasaba una lista mental.
Se echo a dormir, pero no pudo, los minutos le parecían horas-
Por fin amaneció, ella seguía encerrada en su habitación, había conseguido dormirse durante algunas horas.
Su padre le gritaba para que bajase, pero solo bajo dos o tres veces para comer, y durmió otras pocas horas, necesitaba estar descansada y nutrida para su viaje.
Ya estaba anocheciendo, por fin se acercaba la hora. Entonces llamaron a la puerta de su cuarto-
-Dejame- Dijo ella
-Lenore, soy yo- Una voz masculina pero dulce, acaramelada, fue la que hablo.
Lenore se levanto y abrió la puerta, un chico alto, tan rubio y pálido como su hermana y con los mismos ojos verdes entro, tenia el pelo largo, muy largo, y era muy atractivo.
-Hola Edward- Dijo Lenore mierras enrollaba una manta pequeña y la ataba también a la mochila, en la parte delantera. Con todo lo que llevaba, la mochila ocupaba bien poco, como una mochila de alguien que se va a pasar la noche en la montaña.
-Hola Lenore- Mientras hablaba se sentó en la cama -¿Por que estas tan enfadada con papa?, El intenta hacer lo mejor para ti.
-Tu no lo entiendes, a ti te deja hacer lo que quieres hacer.
-Lenore...
-Dejalo- No dejo que terminara la frase.
El chico se fijo en que su hermana había preparado la mochila y la había vuelto a colocar bajo la ventana.
-¿Pretendes huir?
-Así es.
-Es con esa sram ¿no?
-Si
-Papa no lo sabe ¿verdad?
-Claro que no- Dijo como algo obio.
-No voy a intentar detenerte- Se miraron a los ojos por un momento -Se que sera inútil- Edward se levanto de la cama, metió la mano un el bolsillo de su pantalón y saco una pequeña bolsa de tela llena de kamas -No es mucho, pero no puedo darte mas- Lenore se guardo la bolsa y los hermanos se abrazaron -Ten cuidado- Susurro el, ella asintió.
Tras eso Edward salio cerrando la puerta tras de si.
Ella metió al pequeño Al, el miau miau, en la jaula y se puso la mochila.
-Ya esta- Dijo comprobando que lo llevaba todo. La mochila pesaba muy poco, sera por lo comprimido que esta todo, pensó ella.
Echo un rápido vistazo a la habitación en forma de despedida y salio por la ventana.
Pronto llego al claro de los jalato, que estaba en el bosque. Allí el césped era alto, y abundaban las rocas. Se sentó en el suelo apoyada en uno de esos pedruscos para esperar a Celia.
El sonido de los ronquidos de los jalato impedían el silencio.
Espero durante casi tres horas, yendo de un lado a otro, acariciando a Al y volviéndolo a meter en su jaula, sentándose y levantándose.
No va a venir, pensó, se dio la vuelta y comenzó a andar en dirección hacia Bonta.
-Lenore- Escucho de repente a sus espaldas, era ella, era celia, salio corriendo y la abrazo.

